Sebastián Errázuriz de Actitud Lab: "Chile tiene universititis"

¿Cómo fue que un curso de un liceo técnico de Puerto Montt, donde la mayoría de los alumnos no conocía Santiago, llegó a venderle una caja de chocolates artesanales personalmente al ex jugador de básquetbol, Shaquille O-Neal, por US$ 100 en Nueva York? Actitud LAB es el responsable.

Por Antonia Laborde @antonialaborde | 2014-03-12 | 12:43
Tags | Actitud Lab, educación, sala, innovación, Sebastián Errázuriz

Sebastián Errázuriz, abogado de profesión y uno de los fundadores de Un Techo para Chile, estaba haciendo clases de liderazgo y emprendimiento en la Universidad Adolfo Ibáñez, cuando alguien lo criticó bajo la premisa de que era "re fácil enseñarle a los ABC1 porque ellos tienen todas las condiciones para emprender". Convencido de que eso no era verdad, pidió un liceo de Peñalolén para impartir su materia a alumnos de tercero y cuarto medio y los resultados le dieron un espaldarazo tal, que el 2010 lo llamaron de Endeavor con una buena oferta.

La red dedicada a seleccionar emprendedores destacados había conseguido un fondo del BID y le preguntaron a Errázuriz qué tenían que hacer con esa plata para enseñar a emprender. "Clases", les contestó y, en conjunto, armaron un programa de enseñanza que Sebastián fue a impartir con algunos de sus alumnos, a un liceo a 25 km. de Puerto Montt.

¿Con que se encontraron ahí?

"Por mis raíces ignacianas y mi trabajo en el Techo, yo decía con un poco de soberbia que en términos de pobreza, podía conocer un poco más, pero llegamos a una realidad que no estaba ni cerca de ser lo que habíamos pensado. Ahí llevamos este primer programa de emprendimiento, liderazgo, innovación y negociación, que era todo junto en un programa de un semestre con cinco cabros de la Universidad Adolfo Ibañez. Cada uno contribuía desde un lado distinto para construir un manual, prototipo de clase, qué era lo más efectivo, le pedían ayudan a profesores, etc". 

¿Cómo fue el recibimiento de los profesores?

"Al principio con una resistencia tremenda. Nos topamos con lo peor que nos podíamos topar: la política dentro de los establecimientos educacionales. No nos querían escuchar porque tenía apellido cuico, porque parecía de la UDI por tener la camisa arremangada. Muchos profesores que nos decían que solo querían jubilarse, como también otros maravillosos, de una vocación tremenda. En este mar tan distinto cometimos el error de decir "capacitemos a los profesores".  Yo les decía que era un experto en liderazgo, que había trabajado con profesores de Harvard, y que podíamos enseñarles una nueva metodología para la sala de clases. Craso error, pésimo, nos fue mal. Para los profesores era muy importante quién era el tipo que tenían adelante, "Y tú qué hay hecho?" "¿Y vo' no eri' profesor?" Y te miraban el CV y te decían "Estai' perdiendo el tiempo acá, si estos cabros son tontos".

¿Cómo lograron convencerlos de que podían aportar?

"Estuvimos seis meses en capacitaciones junto con el Demre municipal y aún así no resultaba. Decidimos enfocarnos full en los niños, tratar de mostrar avances de ellos para que los profesores nos creyeran y así pudiéramos enfrentarnos a ellos. Esa fue la decisión más inteligente. Los alumnos no nos pescaban mucho y un día empezamos a ir a dejar a los niños a sus casas. Todas las semanas un niño distinto y empezamos a conocer la realidad de estos cabros. Nos empezamos a dar cuenta de que este liceo donde hacíamos clases, que era parte internado y otros que caminaban muchos kilómetros diarios. De entender porqué cuando había lluvia no llegaban o llegaban sin zapatos. Ese contexto nos empezó a dar más fuerza y ese primer año logramos resultados sorprendentes: Logramos que estos chiquillos ganaran los tres primeros lugares del concurso de emprendimiento que arma Endeavor con Corfo, con los cabros que tienen programas de emprendimientos". 

El sistema era el siguiente: Hacer clases experienciales y trabajar un conjunto ideas de cómo mejorar su entorno . Aprovecharon que eran alumnos con especialidad técnico profesional y les preguntaron qué les gustaría que cambiara en su barrio. La cancha de fútbol, por ejemplo, tenía las rejas salidas, los arcos rotos, oxidados, sin pintar y ellos tenían todas las aptitudes para arreglarla y así lo hicieron. Luego del cambio de entorno, los motivaron a buscar algún emprendimiento para el torneo nacional y aquí está la respuesta de cómo llegan a Nueva York. 

Los ganadores nacionales, que hicieron los chocolates Piedra Azul, rellenos de frutos típicos de la zona, como calafate, murta, mora, puestos en una caja fabricada con pedazos de alerce, obtuvieron de premio partir a la Gran Manzana al Network for Teaching Entrepreneurship, la reunión de emprendedores menores de 18 años más importante del mundo. Los alumnos no lo podían creer y la idea que más repetían tras el curso era "estas herramientas me van a servir para la vida. Aprendí cosas que sé que voy a usar". 

Tras este éxito pasaron a tener siete liceos al año siguiente. Con 48 profesores contratados para impartir el método de Actitud Lab, vuelven a ganar el concurso el 2011, de nuevo los pasajes a Estados Unidos y el 2012 Sebastián, que entonces estaba trabajando en Transparencia Internacional, decide renunciar y dedicarse 100% a crear un nuevo método de enseñanza, ya pensando no sólo en la sala de clases, sino también en las empresas. 

"Somos una empresa social que quisiéramos dedicarnos el 80% a educación y el 20% a consultoría, pero las reglas de financiamiento son completamente al revés. Educación no se financia y consultoría financia el 80% de educación", cuenta Errázuriz sobre la realidad de Actitud Lab, que el año pasado facturó 200 mil dólares.

¿Qué resultados concretos tienen de los cursos impartidos en Puerto Montt?

Para principios del 2013 habíamos subido la empleabilidad de los liceos profesionales de un 20% a un 80% y de su remuneración, que tenían el mínimo y dentro de condiciones de informalidad, sin contrato, hoy las empresas vienen a buscar a estos cabros y tienen sueldos de entre 500 y 550 mil pesos.  Además, disminuimos la deserción, aumentamos los índices de egreso, aumentamos los niveles de renta y enviamos una señal al mercado: no necesitamos tantos profesionales en términos universitarios.

¿Tu recomendación es que más jóvenes estudien carreras técnicas?

Hoy ya se demostró que un flaco que viene  de un instituto técnico y opta por una carrera profesional versus uno que opta por una carrera técnica, de aquí a 10 años va a estar muchísimo más afirmado en lo que está haciendo, que el que salió de una carrera universitaria. El universitario va tener retorno a los 5 años y el proceso es mucho más duro, en cambio el técnico profesional puede tener retornos el día 1 del primer año de estar estudiando en un centro de formación técnica y al termino de dos años las remuneraciones son mucho más altas  que el del otro. Se cree que en el largo plazo el universitario va a ganar mucho más que el técnico, pero en este segmento, lo que está demostrando es que un técnico bien formado y con las competencias necesarias va a ser mucho más fuerte que el profesional. Pero en Chile tenemos una especie de universititis, que tenemos que ir a la universidad cuando no creo que sea tan real tener que ir.

¿Por qué al largo plazo un profesional universitario ganaría menos que un técnico?

Por las universidades a las cuales opta la gente vulnerable. Por la calidad de los establecimientos y también por el nivel que traen estos chiquillos. El nivel de deserción de los universitarios es de 20% y no precisamente son los ABC1.

¿Y qué falta para cambiar esto?

Falta un mayor involucramiento del empresariado con la educación técnica y eso implica abrir las puertas para recibir practicantes, implica costos, pero también implica que este Chile va a ir subiendo y va a tener cada vez un capital humano más avanzado, que nos va a permitir poder entrar a esta economía de la innovación. No podemos seguir vendiendo trozos de madera ni lingotes de cobre, aquí tiene que pasar algo, pero en eso también es muy relevante algo que descubrimos en este proceso.

¿Qué descubrieron?

Nos dimos cuenta que nosotros no enseñamos emprendimiento, ni liderazgo... perdón, lo enseñamos, pero ¿qué está de fondo detrás de lo que estamos haciendo? Nosotros estamos formando para la vida, nosotros estamos entregando competencias en los alumnos. Tuvimos hartas reuniones con empresas en una hablamos de que había 900 mil jóvenes entre 18 y 29 años que estaban cesantes después de haber salido de la enseñanza técnico profesional... y estábamos en pleno empleo. Y fue ahí cuando Benito Baranda nos hizo ver que teníamos que poner el foco en enseñar competencias.

Desde esa reunión que Actitud Lab ha focalizado todas sus energías en diseñar programas y manuales interactivos, aplicables a distintas asignaturas y también en oficinas, donde se exploten las competencias, habilidades sociales y valores de las personas a través de talleres, cursos y experiencias. Para más información sobre los métodos que utilizan y cuánto costaría en caso de que quieran aplicarlo, revista su sitio web.