El Lollapalooza chileno se engendró en India

La improbable historia de Sebastián de la Barra, el casi ingeniero comercial que se fue a Oriente a aprender yoga y terminó organizando el festival musical más importante de Chile.

Por Antonia Laborde @antonialaborde | 2013-03-18 | 17:23
Tags | música, espectáculos, conciertos, festivales, emprendimiento, cultura

Sebastián de la Barra estaba en quinto año de ingeniería comercial, a punto de completar la carrera. Ya había hecho la práctica y los optativos, pero repentinamente se aburrió y se fue. Tomó un avión a la India para profundizar en la práctica del yoga, que venía estudiando desde hacía algún tiempo y ahí se instaló. Conoció a una japonesa y con ella se puso a hacer conciertos para cambiar la conciencia de los seres humanos y "así comenzó todo", dice.

¿Qué descubriste en la India?

- "Se me instaló la idea de que los jóvenes ya no tenían creencias específicas, las religiones se estaban cayendo y nos preguntamos: "¿En qué creen los jóvenes?" En sus ídolos. "¿Dónde están?" Varios de ellos en la música. "Entonces hagamos conciertos y en esos conciertos transmitamos amor. Tratemos de que en esos momentos, cuando los jóvenes estén con sus sentidos más abiertos, transmitirles esa dicha sin causa." Era una volada, pero la sentimos todo el rato".

Pero "su volada" tenía harto de cierto. Según varios estudios escuchar música ayuda a disminuir el dolor, reduce el estrés, produce beneficios cardiovasculares, estimula las células del cerebro y varias otras gracias que pasan coladas entre los instrumentos.

Tras seis meses en la India, De la Barra y su amiga japonesa se vinieron a Chile a transmitir el mensaje, pero no muchos le siguieron la corriente. Hicieron un concierto Reggae en el Parque Intercomunal al que llegaron 2.000 personas. Invirtieron todo lo que tenían y les fue mal. La japonesa duró poco, no quería seguir reinvirtiendo, pero el chileno optó por seguir.

Después de harta prueba y error, pero también algunos aciertos, entran en escena sus dos compañeros de colegio: Matías Awad y Max del Río. Sin saberlo, estos tres amigos estaban formando Lotus, la productora que traería a nuestro país, años después, a uno de los festivales de música más importantes de Estados Unidos.

- "Al principio nos fuimos más tranqui, produjimos un concierto reggae en el Caupolicán con el que nos fue bien. Fuimos paso a paso, no nos iba ni bien ni mal si no que nos iba, nada más, en esta industria que es súper competitiva, donde hay muchas multinacionales y es difícil traer bandas grandes, pero fuimos aprendiendo de a poquito a ver cómo se mueve esta industria".

¿Qué aprendiste?

- "Cómo se mueve la industria a nivel de auspicio, de artistas, conocer a los proveedores, trabajar las relaciones interpersonales con la gente de la industria. Lo más importante es tener los contactos de los que representan al artista, con los que uno cierra el negocio".

Los contactos... De la Barra y compañía le pidieron a un amigo en común que tienen con Perry Farrell, el creador de Lollapalooza en Chicago y vocalista principal de Jane's Addiction, que les consiguiera una reunión con él, en una semana, en Los Ángeles. Y la consiguió.

Farrell no tenía en sus planes que su festival aterrizara en Santiago.

¿Cómo vendieron Chile?

- "Fue medio mágico porque la compraron altiro. Nos creyeron que teníamos la inversión, sabían que Santiago y Sao Paulo eran dos capitales súper potentes a nivel de la industria de la música en Sudamérica. Vinieron a Maquinaria el 2010, que ha sido el único que Lotus ha hecho en co-producción y ahí vieron que estos chiquillos eran capaces de levantar un festival grande. Además Farrell trabaja con William Morris, una de las agencias de artistas más importantes del mundo y sabían de memoria todo lo que se había hecho en Chile, manejan todas las estadísticas y en el fondo no había que salir a venderles eso".

Hoy De la Barra invita a Farrell a comer sushi a su casa cuando está de paso por nuestro país. El primer año que se hizo Lollapalooza en Santiago trabajaron bien a la par, porque el líder de Jane's Addiction se metía frecuentemente en las llamadas abiertas que tenían con Estados Unidos semanalmente, pero ahora último se lo ve poco, aunque opina "cuando puede y cuando quiere".

¿Qué es lo que más destacas de Farrell como compañero de trabajo?

- "Es un legendario de la música, pero el gallo es súper humano y humilde con todas las personas que trabajan acá en las diferentes áreas. Los primeros años, que los backstage no eran tan pro, nunca alegaba, siempre con la mejor cara. Ése es un gran aprendizaje que saco de él: la manera como se relaciona con todo el mundo, es muy cercano. Ya tiene dos hijos, viene de vuelta del mundo loco".

Pero este año Farrell no tendrá nada que decir del backstage. Con el propósito de no hacer un gran festival en Chile, sino hacer un festival de categoría mundial, Lotus está invirtiendo harto más que los dos años anteriores. La idea es mejorar desde los puntos de agua hasta el tamaño de los escenarios. Con fuegos artificiales y todo.

Ya está posicionado Lollapallooza en Chile ¿Que más viene?

- "Hacer otro tipo de festivales. Estamos trabajando algunos proyectos bien interesantes para hacer otro tipo de eventos masivos que promuevan la cultura chilena y latinoamericana. También estamos viendo ideas con eventos deportivos. La idea es darle momentos increíbles a la gente, para que se expanda en su conciencia y sean más felices".

Lo que inspiró a De la Barra en la India sigue intacto: transmitir a los jóvenes una dicha sin causa.

- "Creo que en alguna medida Lollapalooza es eso también. Donde la gente va a expandirse con distintos tipos de música, a conocer gente de otros países, etc.Nosotros no hemos tenido ni una pelea, entonces hay una energía súper rica. Vas con la familia, en buena onda, a escuchar grupos que nunca has escuchado y eso te hace bien, te hace ser más tolerante. De alguna manera uno entrega valores. El Espíritu Verde es gigante, puedes ir a esa área a conocer cómo hacen la energía solar en el norte, hasta los emprendimientos sociales de Chiloé. Un festival es una gran experiencia, vas a aprender y a desaprender también", dice De la Barra, que por falta de tiempo practica poco el yoga convencional, aunque para él, el yoga es estar conectado con la respiración, así que de alguna manera lo practica todo el tiempo.