Imagen: César Mejías

Estos colegios eliminaron asignaturas, exámenes, tareas. Mira lo que pasó

En Barcelona una red de colegios quiso acabar con la inercia y abandonó por completo la educación tradicional. Los resultados preliminares del primer año piloto han sido tan impresionantes, que ni los niños ni los profesores quieren volver atrás.

Por Magdalena Araus @mmaraus | 2015-12-11 | 12:12
Tags | educación, materias, ramos, innovación, motivación, profesores, alumnos, clases, estudios

*Este artículo fue originalmente publicado en 2015. Hoy lo destacamos en vista de la importancia de la experiencia.

Dejaron de temer al cambio y de creer que los alumnos no serían capaces. Hicieron a un lado las falsas excusas, que terminan aburriendo a los niños sin lograr aprendizajes. Una red de colegios en España se atrevió a eliminar asignaturas, exámenes, horarios y tareas de su sistema. Hoy, a un año de su implementación, están boquiabiertos con los primeros resultados visibles.

Los niños que se hacían los enfermos para faltar a clases, ahora quieren ir con fiebre e incluso los sábados. No tienen tareas, pero llegan a su casa tan motivados, que siguen trabajando. Los que tenían problemas de aprendizaje ahora son los líderes. Los profesores confiesan haber redescubierto su vocación.

Xavier Aragay y María Jonquera Arnó, dos líderes de este proyecto, estuvieron en Chile para contarnos su experiencia y hablamos con ellos para conocer más detalles de un método que ha impactado de tal forma en la comunidad escolar, que ya nadie quiere volver atrás, porque cuando se implementan estas medidas, uno se da cuenta que el sistema antiguo es absurdo.

Esta es la nueva educación, la que todos los colegios debiesen tener y que países como Finlandia están implementando.

¿Qué hicieron y por qué?

Como les contamos en este artículo anterior, esta red de colegios jesuitas de Cataluña (FJE) eliminó por completo la educación tradicional con su proyecto Horitzó 2020 y ahora lo que pasa en las salas de clases es otra historia.

Los alumnos trabajan realizando diferentes proyectos que integran distintos contenidos, mientras tres profesores los asisten todo el día (uno de lenguaje, otro de ciencias matemáticas y uno de ciencias sociales). El grupo total es de 60 niños dentro de una sala mucho más grande, con mesones con ruedas y espacios abiertos.

"Ellos no van a ver qué les echan, van a trabajar. Ya saben, hay una programación, hitos y retos que han de cumplir. Discuten, buscan, estructuran, presentan, dibujan, usan los celulares, los computadores y tablets", señala Xavier Aragay, director general de FJE de Cataluña.

¿Qué ha pasado con esto? Los niños están motivados, hiperventilados, no paran de trabajar porque se entretienen, llegan a su casa a investigar, cuentan los padres. Están empoderados, se sienten protagonistas, aprenden haciendo y criticando.

Los alumnos de 3 años, por ejemplo, han triplicado el uso de palabras respecto al sistema tradicional, simplemente porque interactúan entre ellos en lugar de estar atentos a lo que la profesora dice.

El piloto se está probando actualmente en algunos colegios de la red, en niveles de 3 a 5 años y de 10 a 14 años, sumando a más de 1.700 alumnos a esta nueva iniciativa que cumple un año y medio desde su lanzamiento. Su efectividad se ha hecho evidente, derribando los mitos que mantienen la inercia en la educación.

Mito 1: Habrá problemas de disciplina

"¿Por qué hay problemas de disciplina en la escuela tradicional? Porque han de estar callados y quietos. Imposible. Aquí ni han de estar callados ni han de estar quietos, primero porque están trabajando en grupos resolviendo los proyectos y segundo, porque pueden moverse por donde quieren. Entonces los problemas de disciplina desaparecen", explica Xavier.

La falta de disciplina está vinculada al método que se utiliza para el aprendizaje: un profesor que habla, por lo tanto los otros han de estar en silencio, sin moverse, por ende, aburridos.

Con Horitzó 2020 no ha hecho falta "echar" a los niños de la sala por mala conducta. Además, como en cada grupo hay 3 educadores a cargo, en cualquier momento pueden intervenir mejor.

"Un aula de ese tipo se asemeja más a una oficina en la que hay 30 o 40 personas trabajando, entonces ¿hay silencio? No, se está trabajando. No debe haberlo", afirma Aragay.

Mito 2: Los profesores no quieren cambiar

Los docentes que entraron en el nuevo sistema ya no tienen vuelta atrás. Al principio exigió más trabajo, como todo comienzo en una planificación, pero luego todo se fue dando, fluyendo, hasta el punto de que trabajan incluso mucho más de los que se les exige.

"Los profesores que han implementado el cambio les hemos hecho un programa de formación, seguimiento y acompañamiento para incorporarse a la experiencia. Ya no quieren cambiar, profesores que llevaban 25 años con el método tradicional dicen yo ya no cambio (al sistema antiguo), ésta es mi vocación. Ellos están convencidos, no volverían atrás", cuenta Xavier.

Ya no dictan clases, ahora trabajan en equipo y son coach de sus alumnos, les dan las instrucciones, los asisten, acompañan, observan y replantean.

El gran protagonista de la educación es el alumno que tenemos y en él tenemos que poner la mirada, en el alumno que, en el fondo, es el ciudadano que queremos conseguir para el siglo XXI. Ese es el protagonista, ahí tenemos que mirar”, añade María Jonquera Arnó, directora de la oficina técnica de educación jesuita.

Mito 3: Es caro de implementar

"Una de las condiciones que pusimos en las experiencias piloto, es que costara lo mismo que el sistema tradicional. Es que si no, no podría ser, porque luego no podríamos generalizarla, no sería sostenible", aclara el director.

Insiste que poco valen las experiencias que inyectan demasiados recursos, porque no pueden hacerse masivas. Horiztó 2020 cuesta lo mismo en horas de profesores, medios, etc., pero lo que sí se ha hecho es invertir en la capacitación de profesores y rediseño de las salas de clase

Los colegios de esta red ignaciana son particulares subvencionados ("concertados" los llaman), pero estos métodos también se están probando en escuelas públicas, en otros lugares de España.

"El problema económico no es real, es una gran excusa. El principal problema está la mente, en no querer soñar, no querer hacerse preguntas. ¿Y si los alumnos cuanto más habla el profesor menos aprenden? (…) Hay que hacerse preguntas muy duras que si no nos las hacemos, no estaremos dispuestos a cambiar", sostiene Aragay.

Esperen, ¿pero cómo se evalúa a los alumnos?

Los alumnos son evaluados sin exámenes. A diferencia del método tradicional, un profesor no tiene varios cursos, sumando más de 150 alumnos a su cargo, sino que dedica todo su tiempo y año a este grupo de 60 niños, en trabajo conjunto con otros dos profesores. Esto permite que los conozcan mejor a cada uno y que puedan realizar observaciones más detalladas de contenidos, habilidades, competencias y valores.

“Hay una plantilla que dice cómo se va a observar, cómo se va a evaluar, hay pequeñas rutinas que han de hacer, exposiciones, observaciones, hay que buscar informaciones, subirla a un portafolio, etc.”, indica Aragay.

Hay autoevaluación, coevaluación y evaluación de los profesores que se traducen en notas. Al alumno se le da feedback constante y los niños conocen los objetivos de cada semana y las actividades para alcanzarlos, algo que evalúan cada viernes para ver si fue efectivo.

¡No hay excusa que valga!

El modelo implica un cambio drástico, riesgos y nuevos esfuerzos, pero los primeros resultados han sido tan positivos y la satisfacción de la comunidad escolar tal, que no hay por donde perderse.

“Lo más difícil fue soñarlo. Esto es lo más difícil siempre. Soñar el cambio. En educación no nos permitimos los sueños nunca, pasa en todo el mundo. Hay un mito histórico que dice que hay que tocar con los pies en el suelo y esto es un desastre”, comenta Xavier.

Insiste que no se trata de pensar en el cómo, sino primero en el qué. Luego de eso, de permitirse soñar el cambio, de provocarlo y hacerlo participativo, todo ha salido mucho más fácil.

"La educación mira demasiado a corto plazo, la pregunta que debe hacerse, y que se está haciendo Educación 2020 es, ¿dónde debe de estar la educación de Chile dentro de 10 años? Esa pregunta hay que hacérsela ahora, porque o sino, dentro de 10 años no vamos a estar en ninguna parte", advierte Aragay.

El proyecto Horitzó comenzó el 2010 y va hacia el 2020. Se tomaron cuatro años para planificar la idea, luego hacer un diagnóstico de problemas, lanzar el proyecto participativo con más de 13 mil personas, diseñar el método y finalmente implementar el piloto en 2014.

“Una idea, que es muy importante: la educación se puede transformar. Es complejo, requiere tiempo, requiere planificación, requiere mucho sueño y mucha convicción y liderazgo, pero es posible. (…) La invitación es a salir de la zona de confort y atreverse a hacer un proceso serio, planificado, participativo, que sueñe”, sostiene Xavier.

El director catalán nos cuenta una conversación que tuvo con unos niños, al final de un día de clases con la nueva metodología:

-Estamos cansados – dijeron.
- ¿Por qué?
- Porque nos hacen pensar.
- ¿Cómo? ¿Y antes no los hacíamos pensar?
- No, antes nos hacían repetir.

“Los niños son mucho más conscientes de lo que creemos", afirma Aragay.

HORITZÓ 2020 EN CHILE

Xavier y María vinieron a Chile invitados por Educación 2020 y la REI (Red Educacional Ignaciana) para contar su experiencia de cambio y las grandes oportunidades que hay para renovar la educación.

“La innovación pedagógica es fundamental, no podemos pensar en una reforma educacional sin tocar lo que pasa en el aula, sin cuestionarnos un método de enseñanza que ya no se adapta a los tiempos actuales”, nos cuentan en Educación 2020.

Esta iniciativa es parte de otras investigaciones que están realizando sobre métodos innovadores de aprendizaje alrededor del mundo, como el caso de la experiencia mexicana Redes de Tutoría, para buscar inspiración y promover un cambio efectivo en la educación chilena.