Imagen: Ilustración de E. Lloyd,1896. Fotomontaje: Gojko Franulic

Bilby, el marsupial que le quitó el trabajo al conejo de Pascua

¿Qué pensarías si tuviéramos un pudú de pascua en vez del conejito? O quizás en vez de renos tirando el trineo del viejito pascuero, hubiera huemules. Australia hizo algo similar para salvar a una de sus especies en peligro de extinción y, de paso, educar a la población sobre su fauna autóctona.

Por Bruno Carrillo | 2014-04-21 | 09:50
Tags | Pascua, conejo, Asutralia, bilby, huevitos

“Bilbies de chocolate, no conejos, para una Semana Santa australiana” dice la campaña que lleva casi dos décadas luchando para proteger una de las especies autóctonas de este país oceánico. El bilby, un pequeño y simpático marsupial que, de hecho, tiene orejas largas como un conejo, lleva años en peligro de extinción. En algún momento llegó a haber unos escasos 600 ejemplares en la naturaleza. La razón: zorros, gatos y conejos, todas especies introducidas artificialmente. 

Fuente: Wikipedia

El intento por salvar a este tierno mamífero por parte de fundaciones y agencias de gobierno ha llevado a Australia a convertirse en un caso único, donde no es el conejo quien reparte los huevos durante Pascua de Resurrección sino un animal local. La campaña tiene un doble propósito: educar a la población sobre sus especies endémicas y, al mismo tiempo, sobre la peligrosa naturaleza del conejo como especie introducida. Con este fin, varias chocolaterías locales, en vez de conejos, hacen bilbies de chocolate. A estas alturas ya es parte de la cultura durante estas festividades, aunque también se comen conejitos de chocolate. 

Fuente: Haigh's Chocolates Australia

Hoy en día, hay peluches y hasta cuentos para niños mostrando el protagonismo del bilby durante la Pascua de Resurrección. Los cuentos por lo general hablan de cómo el conejito de pascua necesitaba repartir los huevos en Australia, pero ninguno de los otros conejos quería ayudarlo (y ¡oh! Bilby al rescate), o cómo el bilby es el embajador del conejo este país, por dar dos ejemplos. A pesar de que los conejos son considerados como pestes, ha sido política educacional que el “cambio de mando” de conejo a bilby sea pacífica y con un lenguaje que no promueva odio hacia lo foráneo.

¿Cómo se llegó a esto?

Desde su introducción en el siglo XIX, el conejo europeo ha sido responsable por la extinción de un octavo de las especies de mamíferos australianos. Ha sido la especie más dañina para la biodiversidad local, y los zorros y gatos que fueron traídos para controlar a los conejos siguieron depredando al resto. 

El conejo es una plaga en la mayoría del mundo (incluido Chile), pero tienen un abominable récord en Australia: la explosión de población más grande de un mamífero. En 1859, un terrateniente británico llamado Thomas Austin liberó 24 conejos en cautiverio para cazarlos, con las siguientes famosas palabras: “la introducción de unos pocos conejos no haría mucho daño, y podría dar un toque hogareño, además de un lugar para cazar”. Obviamente, no los cazó todos: fue el comienzo del fin para muchas especies australianas.

La ausencia de depredadores, inviernos cálidos y abundante vegetación causó que los conejos se reprodujeran por los miles. Un par de décadas más tarde se podía cazar dos millones de conejos al año sin siquiera diezmar ligeramente la población. Hay fuentes que señalan que ya en 1920 eran cientos –sino miles – de millones. Hoy en día, son tantos y tan esparcidos por el país que es prácticamente imposible tener una estimación de cuántos son. Han acabado no solo con otras especies animales, sino con plantas y hasta bosques enteros. Las pérdidas del sector agropecuario ascienden a varios millones de dólares al año. 

Esta imagen del conejo difiere un poco de la que vemos durante Pascua de Resurrección, ¿no? Aunque, irónicamente, es fiel al rol original que tenía estos promiscuos animales: junto al huevo, eran un símbolo de la fertilidad usado en rituales paganos europeos hace más de mil años. Luego de que el cristianismo se popularizara en Europa, fue una de las muchas costumbres asimiladas y adaptadas a la religión. 

¿Cómo ha resultado la campaña en Australia? 

Las fuentes con cifras sobre la población actual varían, pero oscilan entre 1000 y 1500 ejemplares. Con los fondos recaudados a través de la venta de bilbies de chocolate (un porcentaje va a un fondo destinado a protegelos) se han comenzado programas de reproducción en cautiverio, se han construido reservas libres de depredadores y se ha logrado estabilizar la población de estos marsupiales. 

Fuente: Save the Bilby Fund

Al mismo tiempo, a través de los esfuerzos destinados a salvar una especie en peligro de extinción, los australianos adaptaron una tradición proveniente de Europa y la “australianizaron”. Algo similar con nosotros y el viejito pascuero, aunque todavía conserva la ropa roja y los renos. ¿Te imaginas si usara poncho y lo ayudaran huemules, o anduviera a caballo como aquella simpática caricatura dibujada por Themo Lobos? 

Hay distintas maneras de velar por el patrimonio cultural y natural, y esto que se hizo en Australia es un formidable ejemplo que, con un poco de ingenio y buena intención, hasta una festividad religiosa puede ser utilizada con este fin. ¿Cómo nos veríamos con un día de la leyenda chilena, con pudúes como la tierna mascota nacional o traucos, tiranas y caleuches (eso lo quiero ver) rondando las calles en Halloween? ¡Nunca está de más un poco de creatividad para rescatar lo bueno de lo chileno!