Imagen: Rodrigo Avilés

¿Conectar Uber al sistema de transporte público? En Estados Unidos se hizo ¡y funciona!

Frente a las manifestaciones y a la polémica que ha desatado el sistema de taxis informales Uber en nuestro país, buscamos cómo el tema se ha resuelto en algunas ciudades de Estados Unidos, donde ambos sistemas conviven en perfecta conexión.

Por María Jesús Martínez-Conde | 2016-04-18 | 11:48
Tags | uber, cabify, taxis, transporte, transporte público, transporte privado

"¡Yyyy, fueeeeraaaaa!", vendría siendo la consigna por estos días del gremio de taxistas santiaguinos respecto a las apps de transporte privado Uber y Cabify, que han crecido con fuerza en los últimos años.

La polémica que han generado en Chile estos servicios no es exclusiva de nuestro país, en todo caso. Resulta que el tema está que arde en muchos lugares del mundo, en donde taxistas y, en general, todos los servicios formales de transporte colectivo, se han alzado en contra de las populares aplicaciones, considerando que este tipo de servicios constituyen una competencia desleal para ellos, quienes cumplen con una serie de exigencias que les impone el Estado, que ni Uber ni Cabify se ven obligadas a cumplir. Así, en muchos lugares, nuestro país incluido, la primera reacción de las autoridades ha sido, sencillamente, declarar este tipo de servicios como ilegales y amenazar con multas a los choferes, muchas veces en contra de la opinión mayoritaria de la ciudadanía, que prefiere movilizarse usando estas apps, por seguridad, comodidad y conveniencia.

Pero ¿debe ser una cosa o la otra? ¿No será posible integrar estos servicios de manera inteligente al actual sistema de transporte público? Si bien hay muchas ciudades que se encuentran en nuestra misma situación de polémicas, conflicto e incluso cierta violencia callejera, hay otras en los que la integración ha sido posible y exitosa. Y como nuestro enfoque siempre ha sido aportar desde las soluciones, vamos viendo cómo lo lograron:

La conexión de los servicios

Esta semana, Citylab, un centro para la innovación social y digital en Barcelona, lanzó un artículo en su sitio, en el que analiza las posibilidades de crecimiento conjunto entre el tradicional servicio de transporte público, el que incluye al gremio de los taxistas, y las nuevas “aplicaciones de movilidad compartida”. De acuerdo al artículo, este tipo de aplicaciones podrían significar un complemento ideal para el transporte público, siempre y cuando lleguen a un acuerdo y a un nivel de integración que signifique un beneficio para ambos.

En este sentido, el último informe de APTA (Asociación Americana de Transporte Público), es revelador de una actitud del transporte público frente al problema que, por lo menos en Chile, no hemos visto. La idea de los transportistas americanos es abrirse a estas nuevas transformaciones, las cuales ya son una realidad en la mayoría del mundo, y generar un nuevo sistema de “movilidad compartida”, enganchando los servicios. La premisa es que mientras más ocupado esté el servicio privado, más lo estará también el servicio público. El sistema de integración, de acuerdo a APTA, es particularmente efectivo en ciudades como la nuestra, Santiago, con una enorme densidad urbana, pero que a la vez está compuesta por zonas periféricas muy dispersas.

El problema de la última milla (o kilómetro)

Algo de lo que se habla mucho es sobre el “problema de la última milla o kilómetro”. ¿A qué se refiere esto? Pues a una deficiencia propia de los sistemas de transporte público tradicionales: no llegan a la puerta de tu casa. Así, en el último kilómetro, debes recurrir a servicios como Uber, arriendo de bicicletas, caminar, colectivos, o bien, compartir el automóvil con alguien más que pase por ti. Esto sucede a causa de la dispersión urbana de la ciudad; como la gran mayoría de la población de Santiago no vive en la zona metropolitana más densa (la que se encuentra cubierta por el sistema de Transantiago), debe recurrir a otros métodos cuando se aleja y, finalmente, ver cómo se las arregla para llegar a la casa. De acuerdo a este análisis, los servicios de taxis no han explotado esta deficiencia del sistema lo que, en su desmedro, sí han hecho servicios como Uber y Cabify.

La idea entonces sería acomodar el sistema existente de manera que las aplicaciones de movilidad compartida (o servicios de transporte privado), fueran útiles en el acercamiento de las personas en “el último kilómetro”, desde las estaciones de mayor tránsito hasta sus domicilios, mientras que el transporte público se continuara concentrando en las zonas de mayor densidad urbana.

¿Cómo se ha hecho en otras partes?

El caso de la ciudad de Dallas, en Estados Unidos, es bastante emblemático respecto a los beneficios de la conexión de los dos servicios. El sistema de transportes ha logrado organizarse de tal forma, que los pasajeros que utilizan Uber pueden comprobar los horarios de los trenes desde la misma aplicación. Lo que usualmente sucede, es que los servicios de transporte privados (o bicicletas de arriendo) son utilizados en los suburbios, hasta llegar a las estaciones del tren ligero que se encuentran en zonas más centrales. Luego, cuando por las tardes toman nuevamente el tren para acercarse a los suburbios, este “último kilómetro” lo hacen también en modalidades como Uber.

La tendencia entonces en Dallas, y en otras ciudades estadounidenses, ha sido a la conexión de lo público y lo privado. Las agencias de transporte público continúan otorgando el mismo servicio, pero se han enfocado en el nicho de mayor densidad urbana. Morgan Lyons, portavoz de Citylab, argumenta, “si podemos ayudar a los clientes a ver la conexión entre los servicios de movilidad compartida [como Uber] y el transporte público, y viceversa, todo el mundo gana”.

Lyons se refiere a “movilidad compartida”, porque en Dallas, a diferencia de Santiago, Uber también funciona como los criollos colectivos, es decir, compartiendo un viaje entre varios usuarios. Si bien esto ha valido ciertos reclamos de algunos conductores de Uber, ya que esta modalidad es más económica, el resultado final ha sido la optimización del sistema de transportes en general.

La solución que ha encontrado la ciudad de San Petesburgo, en el estado de Florida, Estados Unidos, también ha sido emblemática. Resulta que aquí la autoridad de tránsito ha visto tantos beneficios en el uso de sistemas como Uber, que incluso está poniendo plata sobre la mesa; la mitad de cada viaje que Uber hace desde o hacia una estación de tránsito, es subvencionado. El sistema de taxis tradicionales cuenta con el mismo beneficio del subsidio, pero además acepta a clientes que no tienen smartphone ni tarjeta de crédito para hacer uso de las aplicaciones más modernas. No obstante, los taxis también cuentan con su propia aplicación.

Este plan piloto, que fue lanzado en febrero, lleva el nombre de Direct Connect (conexión directa)y está diseñado para generar la flexibilidad necesaria para que el transporte esté disponible para todos, quienes usualmente hacen uso del transporte público y quienes no lo hacen. Christine Mitchell, gerente general local de Uber, ha dicho que esto ayudará a resolver el problema de “la última milla”, reduciendo las distancias entre la última parada de bus y el destino final de los clientes.

La clave es lograr la equidad en el transporte

Los beneficios de realizar este tipo de conexión entre transporte público y privado son múltiples. De acuerdo a Citylab, uno de los mayores es la descongestión de las ciudades, algo que todos queremos. De acuerdo al sitio, los usuarios en general hacen otro tipo de uso de servicios como Uber respecto a los taxis tradicionales. Su mayor demanda es durante las noches y los fines de semana, es decir, Uber se utiliza más para fines recreacionales que para la rutina de trabajo diaria.

Luego, agregan que la población que usa este tipo de transporte (ya sea bicicletas de arriendo, Uber o sistemas de “movilidad compartida”) tiene varias características en común: ahorran mucho tiempo en transporte, tienen menos autos proporcionalmente hablando y son mucho menos propensos a comprarse un auto. Es decir, es el tipo de gente que colabora a la descongestión de nuestras atiborradas ciudades y que está más dispuesta a utilizar el transporte público.

De acuerdo al informe de APTA, existen cuatro hallazgos claves a la hora de reformular el sistema de transporte, conectando ambos servicios. En primer lugar, postulan que entre más personas ocupen modos de transporte compartidos, es mucho más probable que se utilice más el transporte público, ya que estos usuarios, en general, no tienen automóvil. En segundo lugar, plantean que los modos compartidos son un complemento al transporte público, ya que mejoran la movilidad urbana. Un tercer punto señala que la tendencia general es a que los modos compartidos sigan creciendo, por lo que las entidades públicas deben comprometerse con ellos para que sus beneficios sean compartidos por todos de manera equitativa. Por último, el informe dice que los operadores del sector público y privado deben colaborar para mejorar el tránsito utilizando los enfoques emergentes y la tecnología a su favor.

Citylabañade que una clave importante para lograr una solución eficiente sería que aplicaciones como Uber pudieran compartir información con las autoridades de transporte de las ciudades, así el tráfico podría planificarse de mejor manera. No se trata de “hacer un pacto con el diablo” (entiéndase, la empresa privada), “el punto no es llenar los bolsillos de Uber con el sello municipal de aprobación; es lograr la equidad de transporte, disminuir los tiempos de espera y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que se producen al moverse por la ciudad”. La idea es conectar los sistemas de manera equitativa con un fin social en mente, otorgar mejor calidad de vida a las millones de personas que diariamente se mueven en la ciudad.

¿De qué forma crees que ambos servicios podrían conectarse en Santiago?