Conoce al juez compasivo que está arrasando en internet

Los fallos del juez estadounidense Frank Caprio, caracterizados por su compasión y originalidad, se han vuelto una sensación en Internet. Sorprende en un país caracterizado por un sistema judicial duro y en momentos en que las cárceles están empezando a ser cuestionadas.

Por Tomás Croquevielle @kroque1989 | 2017-09-27 | 11:40

Una mujer en una corte debía pagar 400 dólares de multa, pero no tenía manera de alcanzar esa suma.

El juez entonces le reduce la multa a 50 dólares. Pero antes de dictar la sentencia, le pregunta cuánto tiempo necesitaría para cancelarla. La acusada entonces le responde que tenía dicha cantidad en ese momento, el juez sin estar convencido le pregunta: “Si paga, ¿eso no la dejaría sin dinero?".

"Me iría de aquí con 5 US$”, responde. Entonces el funcionario toma una decisión: "No voy a permitir que se vaya con 5 dólares. Voy a olvidar todo".

Juez considerado 

Aquel fallo no salió de una película o en alguna serie tipo Law & Order, sino de Frank Crapio, un juez municipal de 80 años de la localidad de Providence, Rhode Island (EEUU), el cual ha ganado fama gracias a los videos que llegan desde la sala y que se están volviendo virales.

Su hermano, Joseph Caprio, comenzó a filmar las sesiones del magistrado hace unas dos décadas, y notó que lo que ocurría en muchas de ellas podrían ser de interés público. No se equivocó. En la actualidad el Juez Caprio protagoniza la serie documental Caught in Providence, que se emite en el canal local ABC6-WLNE, en un show donde se muestra los mejores momentos de sus audiencias.

Pese a que solo atiende casos de poca connotación social, como infracciones de tránsito, su empatía fuera de lo normal y su convicción por interpretar la ley de manera flexible, siempre desde una perspectiva humana, le ha dado gran notoriedad. Incluso ha llamado a hijos de los imputados y les hace preguntas para determinar la sentencia más justa para la familia.

El tribunal como un lugar amistoso

El vínculo que tiene Caprio con la comunidad a la que sirve es fuera de lo común. El magistrado asegura que busca tratar de entender las necesidades de los vecinos y las circunstancias que dominan sus vidas.

Esa filosofía de cómo implementar la justicia la formó en su experiencia de vida: su abuelo fue arrestado una noche por una pelea, mientras jugaba cartas con unos amigos. El juez pidió al hijo que se acercara (de la misma manera que él lo hace ahora en muchos casos) y le explicó que lo enviaba de vuelta al hogar con su familia porque consideraba que era un buen hombre que tuvo una mala noche, pensado que era más importante que siguiera trabajando para mantener su familia.

Ese gesto de compasión es el que ahora busca replicar en sus fallos. Sí, es cierto que son delitos menores los que aborda y a un homicida probablemente no le perdonaría las penas... pero es que para él, el tribunal debe ser un lugar amistoso, no de confrontación o donde se busque ridiculizar a las personas por sus acciones. Cree que la autoridad pública debe estar para ayudar y no cazar a la gente.

Es por lo mismo que Caprio considera que sus fallos se han hecho virales, porque la gente perdió la fe en el gobierno y está acostumbrada a que las instituciones respondan con dureza, sin tomar en consideración las circunstancias personales.

Cárcel por no pagar multas

Y es que ese el sistema carcelario estadounidense no se caracteriza precisamente por su compasión y consideración, sino que por ser el país con el mayor número de presos del mundo. Cerca de 2,2 millones de personas están encarceladas (el 25% de la población carcelaria del mundo), resultado en gran medida, de 30 años de guerra contra las drogas, la cual elevó significativamente las penas y supuso un cambio drástico en la manera en que se perseguían aquellos delitos y las penas que se le aplicaban, aumentándolas dramáticamente.

Pero aquella dura forma de aplicar la justicia, se aplica en otras esferas además de las penas relacionadas con el narcotráfico. En EEUU miles de personas pueden terminar en la cárcel por no tener para pagar una multa de algún delito o falta menor, como exceder el límite de velocidad, conducir con una licencia vencida o estacionar en el lugar o a la hora incorrecta.

Un año difícil

En ese mismo sentido, destaca el caso de una mujer procesada por multas de tránsito impagas, pero que tenía de telón de fondo, la dura historia de vida de una madre que habría perdido a su hijo, el cual había sido asesinado el año anterior.

En aquel caso, Caprio solo escuchaba y miraba los documentos de la acusada, quien seguía con su historia.

La mujer que debía 400 dólares, no tenía forma alguna de pagar aquella suma, puesto que había tenido una año muy difícil, en donde tuvo que recibir un subsidio por discapacidad, y en donde aún tenía que seguir pagando el funeral de su hijo.

El resto de la historia la presentamos al comenzar el artículo.

¿Reformar el sistema carcelario?

La actitud compasiva y humana del juez Caprio, es sin duda alguna, un reflejo de una nueva corriente mundial que busca reformar el actual sistema penitenciario, el cual se enfoca demasiado en el castigo y poco en la rehabilitación o en los valores humanos.

Países como Noruega han dado el giro y existen cárceles donde los reclusos no viven en celdas, sino que en casas de madera, y en donde pueden pasear en bicicleta, ir a la playa o practicar tenis. Tienen además granjas que contribuyen a la sustentabilidad de la prisión misma. Claro, todo esto con mucho presupuesto y una población carcelaria reducida. Pero a partir de los buenos resultados que han tenido, cabe preguntarse, ¿están ayudando las cárceles convencionales a combatir la delincuencia y a evitar que los reos vuelvan a cometer delitos?

La discusión no es simple, y los cambios, al parecer, tampoco. Sin embargo, el ejemplo del Juez Caprio nos muestra que una manera diferente, más humana y compasiva de entender y ejercer la justicia es posible.

¿Qué te parece el Juez Caprio? ¿Crees que debería haber más jueces como él?