Star Wars: cómo un desastre se convirtió en un clásico de todos los tiempos

El origen de una de las franquicias cinematográficas más valiosas estuvo en varias ocasiones a punto de terminar en un gran desastre. ¿Qué hizo George Lucas para torcerle la mano del destino? Aquí te contamos.

Por Francisco J. Lastra @efejotaele | 2017-12-19 | 17:00
Tags | star wars, cine, película, george lucas, ciencia ficción, arte
Lucas admite en un libro: “Realmente no pensé que íbamos a hacer ningún dinero con Star Wars”.

Luego del último día de grabaciones en el desierto de Túnez, George Lucas se hallaba al borde del colapso. “Estaba tan deprimido que ni siquiera pude ir a la fiesta del fin del rodaje”, dice el cineasta en el libro The Making of Star Wars: The Definitive Story Behind the Original Film.

“Solo quería dormir. Estaba, en serio, muy deprimido en ese punto. Porque nada había salido bien. Si las cosas continuaban de esa forma, nunca iba a lograr terminar la película. Todo era un desastre”, agrega.

Era 1976, un año antes de que Star Wars Episodio IV: Una Nueva Esperanza llegara a cines para revolucionar la industria, no solo por su popularidad, sino también por los grandes avances técnicos que trajo consigo.

¿Cómo una franquicia de miles de millones de dólares partió de este “desastre” en el desierto tunecino? Silencien sus wookies, saquen sus sables y aléjense del lado oscuro, que nos vamos a un viaje al origen de La Fuerza.

El patito feo: la ciencia ficción

Para entender las penurias que pasó George Lucas en sus primeros años de su gran sueño llamado Star Wars, debemos entender cómo partió todo.

Lucas presentó la idea de Star Wars con American Graffiti bajo su cinturón, una de las películas más rentables de todos los tiempos y que llegó incluso a los Oscares con varias nominaciones. Sin duda que era ya un nombre fuerte en Hollywood, pero la idea de una ópera galáctica, inspirada en el cine de Akira Kurosawa y fusionada con algo de Flash Gordon, espantó a los grandes estudios.

“Un poquito rara”, es la palabra usada por los Estudios Universal, compañía que se había hecho millonaria gracias al trabajo de Lucas con American Graffiti, y le sugirió al director reencaminarse por una temática congruente con la película de adolescentes. Por aquel entonces la ciencia ficción no era realmente vista como un gran negocio, y la idea parecía especialmente arriesgada.

El mismo director tampoco tenía grandes esperanzas en su potencial económico. Su amigo, Steven Spielberg, comenta en el libro: “George siempre me lo describió como una película de niños, una pequeña película de Disney, que pensaba que nadie querría ver, pero que él sí quería ver”.

Lucas admite en el libro: “Realmente no pensé que íbamos a hacer ningún dinero con Star Wars”.

Quien sí tenía fe en Lucas era Alan Ladd Jr., director de asuntos creativos de Fox, quien llevó la idea a la junta de la compañía y consiguió su aprobación. En los años siguientes, Ladd Jr. sería el único elemento dentro de la compañía que mantuvo a flote el proyecto.

En 1975, Lucas obtuvo un presupuesto de 8,25 millones de dólares para su película (unos CLP $5 mil millones).

Cortando, cortando

Lo que parecía una buena noticia, se convirtió rápidamente en un martirio para Lucas. Fox estaba muy preocupado de controlar el presupuesto y los recortes básicamente modelaron la historia: se sacaron personajes, se eliminaron locaciones, se fusionaron tomas. Todo con el fin de mantenerse dentro de lo pactado.

En todos los departamentos tuvieron que apretarse el cinturón. Si creían, por ejemplo, que los actores escogidos eran de alto calibre, estarían muy equivocados. Mark Hamill venía de trabajar principalmente en televisión; Carrie Fisher tenía 18 años y apenas 1 crédito previo en cine; y Harrison Ford había decidido dedicarse a la carpintería para mantener a su familia. El peso pesado, Alec Guinness (Obi Wan), estaba en un momento de relajo en su carrera y le pareció interesante el proyecto, aunque hoy se sabe que encontraba sus líneas una “basura”.

Luego de su aparición en American Graffiti, Ford había decidido retirarse de la actuación para mantener a su esposa y dos hijos.

Uno de los problemas que trajo la presión de Fox, fue la prisa. Robots que tardaban, según Lucas, 6 meses en diseñarse y construirse, la compañía los quería listos en 6 semanas para cumplir con los plazos fijados.

Fue así como el equipo llegó a Túnez para hacer las primeras grabaciones. Fueron dos semanas y medio en el desierto, con hasta 20 horas de trabajo al día. Las complicaciones comenzaron con los frecuentes desperfectos técnicos de los robots. “Cada día perdíamos una o dos horas debido a los robots”, dice Lucas en el libro.

La mala suerte también se hizo presente. Un camión que llevaba los robots se incendió y dos resultaron dañados. También casi se meten en un conflicto internacional, cuando se ubicaron cerca del límite con Argelia. El equipo usaba camiones cedidos por la milicia tunecina, y el gobierno de Argelia tuvo que comprobar in-situ que los equipos que movían, específicamente el sandcrawler, no eran armas secretas de algún tipo.

El calor fue una constante en las grabaciones en Túnez.

El atraso en las grabaciones obligó a Lucas a postergar un tercio de las tomas para hacerlas en Estados Unidos. El director, por cierto, ya había comprometido cerca de $400.000 dólares de sus propios ahorros para palear las demoras de Fox a la hora de pagar.

En el día final de grabación en Túnez se realizó una fiesta, pero Lucas no asistió. Se hallaba en cama, agotado y deprimido por el gris futuro de su ópera galáctica.

Luchas en todos los frentes

La grabación no era el único problema de Lucas. Su compañía de efectos especiales, Industrial Light & Magic (ILM), no daba grandes avances, y acusaban una desconexión con el director, quien se encontraba mayormente en Inglaterra, haciendo el resto de las tomas.

El ritmo de grabación era tan agotador como en el desierto. Dado que llevaban varios días de atraso, sets completos se construían y destruían pocas horas antes y después de ser utilizados. Trabajar fin de semanas y horas extra se hizo común.

El guion, escrito por él mismo, tampoco le convencía. Lucas requirió la ayuda de William y Gloria Huyck, co-guionistas de American Graffiti, para pulir los textos de Luke, Leia, Han y compañía. Lucas recuerda lo frustrado que estaba: “Escribí American Graffiti en 3 semanas, esto (Star Wars) me tomó 3 años”. Los actores tampoco podían evitar rascarse la cabeza de vez en cuando, al interpretar frases repletas de conceptos técnicos que Lucas, quien raramente hablaba con los actores, no se molestaba en explicar. “Simplemente digo las líneas, tratando de sonar inteligente”, comentaba el veterano actor Peter Cushing.

Tampoco la edición de las tomas cumplía con lo que buscaba Lucas. El mismo director se hizo cargo de la edición, junto a su esposa y un par más de editores.

Cuando se le mostraron las primas escenas “en crudo” a Alan Ladd Jr., su reacción interna fue de “absoluto y completo pánico”. Luego de hablar con Lucas, eso sí, se quedó más tranquilo. Lo que había visto no era lo que quería el director, y no es como se vería al final.

En esta escena eliminada, Lucas se vio obligado a reemplazar a la famosa babosa Jabba the Hutt por un humano, debido a cortes de presupuesto.

Davis Prowse, el actor que encarnó físicamente a Darth Vader, pensó que su voz sería también la del personaje. Por suerte, no fue así.

Algunos efectos se lograron de mejor forma que otros. Esta escena no paso el corte final.

Efectos muy especiales

A ocho meses del supuesto estreno, y ya con 15 días de atraso, Lucas se veía finalmente con tiempo para seguir más de cerca el avance de los efectos especiales en Estados Unidos. El panorama no era muy alentador: luego de agotar la mitad del presupuesto, ILM apenas había entregado una de 360 tomas. Luego de una de sus visitas a la compañía, el director tuvo que ingresar a un hospital para descartar un ataque al corazón.

La asesoría de Lucas fue esencial y se comenzaron a hacer grandes avances. “George era nuestro general”, comenta uno de los integrantes del equipo, “nosotros éramos sus soldados y todos estábamos peleando esta gran batalla para sacar la película”. Ver, por primera vez, los resultados de su trabajo, fue un gran empujón moral para el equipo de ILM, recuerda a su vez John Dykstra, uno de los fundadores de la compañía: “fue primera vez que encontrabas gente discutiendo sobre tomar más trabajo”.

Sin embargo, el estrés aún afectaba al director. Martin Scorsese recuerda recibir a Lucas en su casa en octubre de 1976. “Se quejaba de los efectos especiales y de que nunca iba a dirigir nuevamente. Ya estaba harto. Pero estaba entusiasmado con ciertas tomas, como la de una nave cruzando un cuadro y la cámara siguiéndola”.

Una nueva esperanza

Los avances de los efectos y el talento del nuevo equipo de edición finalmente se dejaban ver. En una de las exhibiciones de prueba, aún lejos de la versión final, el editor Richard Chew recuerda quedarse anclado en su asiento luego del fin: “Me di cuenta que el aspecto de la película, el empuje de la película, los personajes de la película eran tan excepcionalmente George. Y simplemente me noqueó. Venía de los recovecos de la mente de George, esta semilla que él había convertido en mil árboles".

En los meses finales se fueron integrando los elementos faltantes: la inconfundible música de John Williams, los emblemáticos efectos de sonido, las escenas faltantes que se grabaron en el desierto estadounidense, y por supuesto, la mayoría de los efectos especiales. Cada decisión tomada en esos meses, perdurarían en la mente de millones de fans para siempre.

En mayo de 1977, cuando finalmente se estrenó en 32 cines, ni siquiera los actores sabían qué esperar. “Lo genial de Star Wars es que cuando la vea estaré tan sorprendida como cualquiera otro, porque no he visto ninguno de los efectos”, comentaba Fisher.

Ford agregaba “No sé cómo se verá. Ni idea. Cuando estaba grabando, no tenía idea cómo harían algunas de las cosas que estaban ahí. Era un misterio”.

Recordemos que los actores tuvieron que muchas veces interactuar y reaccionar a cosas que solo se agregarían meses más tarde, mediante técnicas que nunca se habían visto. Star Wars fue una de esas películas que solo cobra sentido cuando se ve su totalidad.

“Hacer una película es bastante similar a construir una casa”, dice Lucas en el libro, “no importa que tanto planees, hay ajustes que hay que hacer en el camino, porque nadie puede visualizar la estructura final. Personalidades, el tiempo, el clima – todo viene a ello y lo cambia”.

Pese a que Lucas nunca estuvo completamente satisfecho, la película funcionó con la audiencia. Mientras Star Wars batía sus primeros récords en cuestión de horas, el director optaba por irse a Hawái, donde ya planeaba su siguiente proyecto: Indiana Jones.

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