Imagen: Biogusto

Chilena crea platos y envases de cáscara de arroz: primero lo usas, luego lo plantas

Este año se apresta a salir al mercado Biogusto que trae todo tipo de packaging, como platos de distintos tamaños, cápsulas, recipientes, completeras, platos para el postre y ensaladeras, fabricados a base de cáscara de arroz, con lo que buscan hacerle competencia al plástico.

Tags | ecologico, biodegradable, arroz, sustentabilidad, platos, packaging, innovacion

En el mundo, la industria alimentaria genera millones de toneladas de plástico para envasar y servir sus alimentos, envases que son rápidamente es desechados por los consumidores y que van a dar a rellenos sanitarios o al medioambiente, tardando cientos de años en biodegradarse.

La startup chilena Biogusto propone una solución innovadora, creando todo tipo de envases alimenticios fabricados a partir de la cáscara del arroz, subproducto que hasta el momento es visto como un desecho por parte de las empresas que producen y envasan este cereal. La empresa ha desarrollado una completa línea de productos, como cápsulas, recipientes, completeras, platos y ensaladeras de todos los tamaños, que esperan comenzar a introducir al mercado desde fines de este año.

El cerebro detrás de esta creación tiene nombre y es Valentina Montenegro. Diseñadora Industrial de la Universidad Diego Portales, que cuando le tocó hacer su proyecto de título comenzó una investigación profunda sobre la materialidad de la cáscara del arroz y terminó en el packaging alimenticio que hoy ofrece.

El proceso de uso de este packaging tiene cuatro etapas: usarlo, reutilizarlo, plantarlo y compostarlo. Sí, puedes hacer fertilizante si tienes estos productos. Es importante saber que antes de plantarlo y seguir con los procesos, el plato puede usarse hasta tres veces porque después empieza su proceso natural de deterioro.

Cuando Valentina tuvo que hacer su proyecto de título, se le ocurrió la cáscara del arroz porque “ es un desecho industrial que existe a nivel mundial. Hoy en día hay casi sólo cuatro países que no producen arroz y todo el resto lo hace”. Además, se apegaba a su especialidad en ecodiseño.

La cáscara de arroz tenía cualidades positivas para empezar el proyecto; es natural, hay de sobra en las industrias y es biodegradable. Sin embargo, esto último no era del todo positivo, porque el tiempo que toma en degradarse en la tierra es más de un año. Según explica Valentina, es un residuo con el que las industrias no saben qué hacer, porque aunque generalmente lo más fácil es quemarlo, no pueden, porque dicha quema termina siendo tóxica. Por otro lado, si decidieran enterrarla para que se degrade, el proceso es tan largo que terminan juntándose capas de cáscara de arroz que nunca desaparecen.

Valentina ejemplifica que a la empresa Tucapel le sucedìa esto porque “tiraba la cáscara al suelo, se hacían capas, capas y capas, tanto así que no se degrada”. Y no solo eso sería un problema, la diseñadora explica que “el 20% de lo que producen las industrias arroceras es cáscara y eso genera más volumen que el otro 80% de arroz que se saca".

Así, ella se vio motivada a descubrir de qué forma podía utilizar el desecho de arroz para poder aportar ecológicamente a eliminarlo. Además, tenía queir un poco más allá y solucionar otro dilema: ¿cómo hacer desaparecer rápidamente la cáscara de arroz y facilitar su biodegradación?

El descubrimiento de un nuevo material

Biogusto fue el nombre que le dio a su proyecto de título, el cual concretó con la creación de una fábrica. Valentina cuenta que su investigación fue, prácticamente, el descubrimiento de un nuevo material; pero no solo eso, se tuvo que trabajar en un proceso exhaustivo para llegar a lo que hoy ocupan para crear su línea de packaging.

Pero si las industrias tienen el problema de que estas cáscaras no se biodegradan suficientemente rápido ¿cómo resulta entonces que Biogusto sea un producto ecológico y biodegradable? Bueno, ella explica que en medio de la investigación para encontrar la forma de mejorar la degradación del material, se dieron cuenta de algo importante: una semillita que tiene la cáscara.

“Si tu esa semillita no la trituras, no la mueles; no se rompen los enlaces de la semilla, y al no hacerlo, se demora mucho más en degradarse. Nosotros rompimos ese enlace, cosa que se pueda utilizar para el compost” y así el tiempo que tienen los envases de cáscara de arroz son de entre 30 a 100 días, explica Valentina. Además de eso, el material recibe otro tratamiento previo, que finalmente termina en lo platos naturales con una vida más ecológica, pero eso es “confidencial”.

Hoy tiene un socio, con el que tienen como objetivo hacer competencia al plástico y al poliestireno (plumavit), los que se demoran hasta 500 años en degradarse. Son de estos materiales la mayor cantidad de packaging que hoy existe y que se utiliza, por eso Biogusto da una alternativa con envases alimenticios ecológicos, los que son de cáscara de arroz casi en un 100%.

"Ahora estamos produciendo, tenemos una fábrica y lo que pretendemos es salir al mercado a vender (...) por eso necesitamos ir creciendo y llegar a un precio módico para competirle al plástico, ese es nuestro objetivo máximo", cuenta la fundadora de Biogusto.

A pesar que aun no están disponibles para venta al público general, sí lo hacen con grandes empresas. Pero eso está pronto por cambiar, porque tendrán un lanzamiento al público general en la Feria Verde de Estación Mapocho en noviembre.

¿Te parece una buena solución? ¿Usarías platos de cáscara de arroz?