Imagen: César Mejías

La exitosa propuesta para luchar contra el abuso sexual infantil

Conversamos con José Andrés Murillo, director de la Fundación Para La Confianza. Nos explicó el fin de la (hasta ahora) incógnita campaña que busca luchar contra el abuso sexual infantil el que se da, principalmente, en contextos de confianza. ¿Cómo? Aquí les contamos.

Por Macarena Fernández | 2017-04-27 | 07:00
Tags | Abuso sexual infantil, pedofilia, abusos, infancia, protección

¿Viste el #YoConfío en las redes sociales y no tienes idea de qué se trata? ¿Te intriga saber por qué rostros chilenos como Pancho Melo, Blanca Lewin, Luis Gnecco y Delfina Guzmán aparecen en un video promocionando también este hashtag?

Se acabó el misterio. Lo que busca esta campaña es detener el abuso sexual infantil en Chile y buscar actores de cambio y socios que quieran sumarse a la Fundación Para la Confianza.

Esta organización desde el año 2010 ofrece orientación y acompañamiento gratuito a cerca de 300 víctimas al año; formación y capacitación especializada en abuso sexual infantil; información preventiva clave para el público general; y alianzas estratégicas con colegios, jardines infantiles y organizaciones que trabajan con niños, entre otras acciones.

Pero, ¿por qué la palabra confianza en un contexto como éste en el que uno no pondría las manos al fuego por nadie? Justamente para confiar en que los abusos sexuales infantiles se pueden erradicar de la sociedad. ¿Cómo? Rompiendo con la confianza ciega, esa misma que permite las relaciones de abuso y promoviendo la confianza lúcida, esa que empodera a las víctimas y a su entorno, minimizando daños y/o previniendo el abuso para romper así con el círculo vicioso que lo rodea, protege y permite.

En El Definido conversamos con José Andrés Murillo, director de la Fundación Para la Confianza y una de las víctimas del ex párroco Fernando Karadima. Además de contarnos sobre el trabajo de la fundación, nos entregó claves importantes para la prevención y acompañamiento a víctimas de abuso sexual infantil.

“Nuestro compromiso se construye desde la confianza en que esto (terminar con el abuso sexual infantil) es posible. La fuerza de la confianza, de la confianza lúcida, debe ser tal, que nos permita construir una sociedad respetuosa de los derechos de la niñez. Y que reaccionemos de manera decidida ante cualquier tipo de vulneración. Para nosotros, especialmente ante las vulneraciones a la indemnidad sexual de la infancia”, señala Murillo.

Así nació la necesidad de una fundación

El año 2010 la noticia de que el ex párroco de la Iglesia del Bosque, Fernando Karadima era acusado de abuso sexual reiterado ante la Justicia civil; estremeció al país entero. Desde el 2003 que existían ya denuncias eclesiásticas, pero según señalan las mismas víctimas, autoridades de la Iglesia chilena prefirieron silenciarlas. Esto hasta que el mismo 2010, el Vaticano declarara culpable de abuso sexual infantil y abuso de poder al sacerdote chileno.

Los valientes que interpusieron esta denuncia para evitar que este sacerdote siguiese perpetuando sus abusos, y para crear precedente en Chile de que los abusos deben denunciarse hasta las últimas consecuencias (aunque hayan prescrito) fueron sus propias víctimas. El médico cirujano James Hamilton, el periodista Juan Carlos Cruz, el abogado Juan Pablo Hermosilla y el filósofo José Andrés Murillo.

Así fue como miles de otras personas abusadas sexualmente comenzaron a llamarlos por teléfono para buscar ayuda y consejos sobre cómo denunciar, y cómo enfrentar y superar el trauma de haber sido víctima.

Sorprendidos por la cantidad de casos no denunciados en Chile, estas cuatro víctimas de Karadima crearon la Fundación Para la Confianza, para luchar contra el abuso sexual infantil y concientizar a la población de que en los casos de abuso existe un triángulo que integra tres actores importantes: el abusador, la víctima y el entorno de la víctima; y que justamente en manos de este entorno está la clave para romper con el círculo del abuso.

“El 90% de los casos de abuso sexual infantil, a nivel mundial, se dan en ambientes cercanos, en el mismo círculo de confianza de la víctima; razón por la que es muy difícil denunciar y por la que la tasa de denuncias es de 1 de cada 25 casos, aproximadamente, incluso puede ser menor”, nos cuenta José Andrés.

Respecto a la necesidad de crear la fundación, cuenta que “en Chile todavía no es una obligación legal para las organizaciones que trabajan con la infancia, tener protocolos ni siquiera de reacción ante casos de abuso sexual infantil, mucho menos de prevención e intervención. Hoy se improvisa. Y por eso, como fundación, estamos trabajando para terminar con esto, capacitando a profesionales e instituciones que trabajan con la infancia. Pronto va a ser obligación que todos los colegios cuenten con un protocolo estandarizado y efectivo de abuso sexual infantil”.

La urgencia de generar una confianza lúcida

José Andrés es un convencido de que todo empieza por la confianza. “Yo creo que una sociedad sin confianza, una familia sin confianza o una relación sin confianza, simplemente no funcionan. Pero esa confianza no puede ser sinónimo de confianza ciega, sino de confianza lúcida. La confianza no es una relación, es un espacio donde se permite entablar una relación. Una confianza ciega es un espacio ciego, un espacio imposible. Si yo tengo confianza ciega hacia ti, es que soy ciego, es que no te veo. Esta confianza ciega es lo que busca lograr un abusador, y esa ceguera, sordera y silencio, no se apodera sólo de la víctima, sino también del entorno”.

Entonces, tampoco se debe desarrollar la desconfianza, ya que ésta hace imposible establecer relaciones sanas. Por eso lo que hay que promover, según José Andrés, es la confianza lúcida, ese término medio, ético que crea un espacio de encuentro, respeto, reconocimiento y cuidado mutuo.

Si quieren saber más sobre este concepto, José Andrés escribió un libro completo al respecto. Aquí les dejamos el PDF.

#YoConfío: ¡súmate a la cruzada!

A la fecha, gracias al trabajo de la fundación, se han apoyado 1.800 casos (75 en lo que va del 2017), se han formado 1.200 profesionales y se han logrado imponer 45 denuncias al día en Chile.

Y la razón de la propia campaña #YoConfío, es para comprometer a la sociedad a ser parte de esta lucha para poner término al abuso sexual infantil, ya que todos somos responsables y parte del entorno encargado de romper el círculo del secreto y del silencio del abuso.

“La campaña busca sensibilizar a la población sobre el tema de abuso sexual infantil, la importancia y la gravedad del hecho, pero sin sembrar pánico, sino creando una confianza lúcida y también creando sinergia entre las personas. Queremos mostrar lo que hace la fundación, evidenciar que sí se puede luchar contra el abuso y también captar socios y recursos para poder crecer y llegar a regiones”, señala José Andrés.

Para hacerse socios, ser voluntarios o realizar una donación, pueden entrar aquí.

Medidas de prevención de abuso: ¿qué hacer?

José Andrés nos cuenta que si bien no se puede prevenir el abuso absolutamente, sí se pueden minimizar los daños, las consecuencias, establecer reacciones que no sean más dañinas; y que para eso hay por lo menos seis pasos:

1. Crear contextos protectores: un contexto protector es uno que respeta los derechos de los niños, que es capaz de poner límites, que no es ciego, sino lúcido y que permite que los niños pidan ayuda en caso de que sea necesario.

2. Informarse: los padres, familias, colegios e instituciones que trabajan con niños, deben informarse, leer sobre el tema para saber cómo prevenir. Aquí algunas herramientas básicas de contexto que deben manejarse sobre el tema y aquí las formas en las que se presentan los abusos sexuales.

3. Hablar del tema con los niños: esto se debe hacer con un lenguaje acorde a la edad. Sin embargo, es súper importante entender que los niños no son los principales responsables de cuidarse a sí mismos. Esos programas dirigidos a los niños con frases como “di no”, “corre”, “; son ilusos, porque al final le ponen más culpa al niño si es que le llega a pasar algo.

4. Minimizar las posibilidades de ocurrencia: cuando hay espacios oscuros, cuando hay relaciones medias ciegas. Por ejemplo, un profesor de violín que le hace clases sólo a una niñita en un lugar cerrado; mejor hacerlo en lugares de trasparencia. Lo mismo con entrenadores deportivos, por ejemplo. Sin crear una paranoia, pero sí creando ambientes más abiertos, sobre todo cuando hay asimetrías de poder.

5. Reconocer las señales de abuso: se debe estar atentos a las señalas e indicadores físicos y de comportamiento de los niños para detener a tiempo el abuso. Esto, porque generalmente las personas que fueron víctimas durante su infancia hablan de la indiferencia pasiva o activa que tuvo su círculo cercano.

6. Aprender a reaccionar de manera adecuada y tener protocolos: determinar las acciones para prevenir, conocer las alertas para detectar a tiempo, reaccionar ante casos de sospecha e intervenir frente a casos de abuso. Saber de antemano cómo hablar, ante quién hablar, quién va a hablar y dónde se va a pedir ayuda y jamás improvisar ni sobre reaccionar.

En este sitio encontrarás algunas señales que podrían indicarte que tu hijo ha sido o está siendo víctima de abuso (específicamente en un contexto de guardería/jardín infantil).

Cómo acompañar a una persona que ha sido víctima de abuso

1. Reacción inmediata: el primer momento es muy importante. Cuando la persona devela su agresión, es necesario escuchar sin cuestionar. No sobre reaccionar, y transmitir un mensaje de protección y llevar a cabo las acciones de protección.

2. Buscar ayuda profesional: es necesaria una terapia psicológica y un acompañamiento de un experto en el tema.

3. Denunciar: la denuncia es sumamente necesaria, sin importar si la causa está prescrita o no. El hecho de denunciar, da la libertad a la víctima de entregar el caso en manos de la justicia para evitar también que otros sufran lo mismo.

4. Grupos de ayuda mutua: es muy beneficioso que personas víctimas de abuso interactúen y compartan sus experiencias y testimonios con otras víctimas, no en relación a una terapia grupal, sino como grupos de ayuda mutua, donde las personas van reconstruyendo sus historias y reconociendo sus propios dolores también en otras personas.