Imagen: César Mejías

Datos curiosos sobre el río Mapocho que te harán quererlo más

Puede ser que los que viven en Santiago lo vean todos los días y lo pasen por alto, pero el Mapocho alberga mucha, mucha historia.

Por Rodolfo Westhoff @rwesthoff | 2017-11-22 | 15:09
Tags | rio, mapocho, santiago, ciudad, historia, dato, curiosidad
Se podría decir que el Mapocho es bravo. Durante centenarios amenazó con inundar a nuestro querido Santiago de la Nueva Extremadura cada vez que se desbordaba

*Esta nota fue originalmente publicada en 2017.

Lo hemos visto desde que nacimos en el caso de los capitalinos, pues cruza 16 comunas de la ciudad. Guarda prácticamente todos los secretos de nuestra ciudad que ha visto crecer desde sus orígenes. Ha experimentado una serie de cambios a través del tiempo y básicamente es algo así como la fuente de vida de nuestro querido valle de Santiago.

¿Qué podemos contar del Mapocho? En El Definido buscamos algunos datos curiosos que quizás no conocías de él.

1. ¿Fue hogar de los incas?

Existe la teoría de que estos poderosos indígenas de América sí habrían habitado en las cercanías del Mapocho, a pesar de lo que dice la historia tradicional (que básicamente sugiere que llegó Pedro de Valdivia, desplazó a los indígenas que habrían extendido su territorio hasta ahí y construyó un asentamiento). ¿En qué se basan para afirmar esto?

Esta investigación sugiere que una serie de factores como la presencia de cementerios incas, los cambios en los ritos fúnebres de la población local y las tres fortificaciones (pucarás) que defendían al valle podrían explicar la cercanía de los incas con este río.

También se plantea que el Mapocho les sirvió para abastecerse de agua a través de pequeños canales que construyeron para conducir las aguas.

2. Le cortaron un bracito

¿Sabías que lo que ahora es la Alameda desde Plaza Baquedano hasta más o menos el barrio Brasil antes era un brazo del río Mapocho? Así es, porque antes esta importante arteria de la capital correspondía a un pequeño cauce de agua que venía desde la principal fuente fluvial de la ciudad.

Su nombre era La Cañada y cuando aumentaba su cauce transformaba a Santiago en una pequeña isla.

Aunque gran parte del tiempo pasaba seca, como ocurrió entre 1560 y 1580. Lamentablemente, eso daba pie para que la gente fuera a tirar sus desechos ahí y con el tiempo terminó transformándose en un basural. La Cañada no era para nada linda.

Tras consagrarse la independencia surgieron los deseos de amononar la ciudad y es por eso que a comienzos del siglo XIX se hicieron trabajos para cambiarle la cara. Gracias a la mano de obra de prisioneros principalmente, se rellenó su lecho y se construyó el paseo de la Alameda.

Así que la próxima vez que pases por ahí, recuerda que antes fue un basural y que incluso antes de eso fue un pequeño río.

3. Tuvieron que domesticarlo

Se podría decir que el Mapocho es bravo. Durante centenarios amenazó con inundar a nuestro querido Santiago de la Nueva Extremadura cada vez que se desbordaba. De hecho, ocurrió el año pasado, aunque en realidad se debió a un problema humano (cof, cof, Costanera Norte).

Como sea, tampoco es necesario hacer taaanta memoria para remontarnos a sus desastrozas consecuencias cuando se trata de la obra de la naturaleza. En la década de los ’80 la capital vivió uno de los peores desbordes de este río que provocó 15 muertes y más de 15 mil damnificados.

Es por eso que desde que Santiago es Santiago, la idea de encauzar el Mapocho estuvo latente. Lamentablemente, casi siempre fuimos un país pobre que no contaba con los recursos suficientes para llevar a cabo tamaña obra de ingeniería sin dejar a un lado otras necesidades básicas de la ciudadanía.

Aunque eso cambió en la época dorada que experimentó el país a fines del siglo XIX. Tras el fin de la Guerra del Pacífico y el auge del comercio del salitre, las arcas nacionales se vieron más llenitas que de costumbre. Recién en 1886 se dieron las condiciones para domesticar al salvaje Mapocho.

Fue un trabajo de tres años que logró encauzarlo desde el tramo que conecta el río a la altura de Vicuña Mackenna (Baquedano) con Fermín Vivaceta (como a la altura del metro Santa Ana, pero por el río, obviamente) a través de dos kilómetros. Se construyó con un ancho de 40 metros y una profundidad de cinco y fue clave para la conectividad de la ciudad en ese entonces.

Especialmente porque propició la conexión entre el sector norte y lo que ahora es Bellavista, con el casco histórico (gracias a los puentes que después llegaron).

4. Era cochino, pero ya no

Probablemente todos nos acordarmos de cuando el Mapocho olía. Y para nada bien. Por suerte ya no, porque aunque aún hay mucha gente que no lo sabe, este río presenció una obra de limpieza el 2010 por parte de la empresa Aguas Andinas que lo dejó 100% libre de cochinadas.

Antes de esto, existían 21 conexiones a lo largo de su tramo que hacían que distintas cañerías que acarreaban aguas servidas fueran a dar a nuestro querido río. Lo bueno es que eso se terminó con los trabajos de la empresa privada que construyó una especie de canal subterráneo que recibe actualmente esos residuos. Se trata de un colector de casi 29 kilómetros de longitud y que acompaña al río paralelamente.

Ahora el cauce está libre de olores y enfermedades, pero ¿por qué no es cristalino? Después de todo, está limpio, ¿no? Pues sí y no. Debido al emplazamiento del Mapocho que básicamente viene desde la cordillera, su entramado se encuentra en una pendiente que hace que el agua baje con mayor velocidad.

Eso hace que a su vez arrastre una serie de sedimentos que va encontrando en el camino, lo que hace que su color sea principalmente café. Pero de que está limpio, lo está.

¿Qué otro dato agregarías a la lista?