Imagen: César Mejías

Así queda el escenario para 2020, luego de estas elecciones intermedias en EEUU

Republicanos y demócratas esperaban con ansias noviembre para verse las caras en el ruedo. Los resultados ya están y dicen mucho sobre lo que serán los próximos dos años del presidente Trump. Más diversidad y un gobierno dividido, fueron la tónica de este proceso.

Por Glenn Ojeda @GOjedaVega | 2018-11-08 | 12:20
Tags | congreso, demócratas, donald trump, elecciones, estados unidos, mujeres, republicanos
Podemos enorgullecernos ante la certeza de que, a partir de enero, el gobierno se parecerá un poco más a la sociedad que pretende gobernar.

Las elecciones del 6 de noviembre en los Estados Unidos, fueron históricas. Por primera vez, más de 100 mujeres, aproximadamente unas 117 para ser más exactos, ocuparán escaños en la Cámara de Representantes del Congreso.

A partir de enero, el congreso estadounidense contará, por primera vez en su historia, con dos mujeres musulmanas como representantes. Estas mujeres son Ilhan Omar, nacida en Somalia, quien representará el quinto distrito del estado de Minnesota, y Rachida Tlaib, quien representará el décimo-tercer distrito del estado de Michigan.

Igualmente, este pasado martes fueron electas las primeras dos mujeres pertenecientes a pueblos originarios que ocuparán escaños en el congreso federal. Las representantes son Deb Haaland del estado de Nuevo Mexico, y Sharice Davids, del estado de Kansas.

También a partir de enero habrá en el congreso estadounidense una cantidad record de mujeres latinas y jóvenes. Con tan solo 29 años, Alexandria Ocasio-Cortez, de origen puertorriqueño, representará el décimo-cuarto distrito del estado de Nueva York, y Abby Finkenauer, también con 29 años, representará el primer distrito de Iowa.

A continuación, los detalles de la primera elección nacional desde la victoria del presidente Trump, en 2016.

Una campaña para la historia

A pesar de que Donald Trump no estaba en la papeleta, ya que su periodo es de cuatro años, la campaña legislativa sí estuvo centrada en la figura y la agenda del polémico presidente. En el 2016, Trump y el Partido Republicano ganaron el control de tres de los órganos principales de la política estadounidense: la Presidencia, el Senado y la Cámara de Representantes. Desde entonces, el Partido Demócrata y los antagonistas políticos del gobierno, han estado esperando con ansias la oportunidad de recuperar el control de al menos una de las dos cámaras del congreso, con la finalidad de ejercer presión sobre la agenda Trump y servir de contrapeso.

Durante los dos años en que su partido ha controlado el Congreso, el presidente Trump ha tenido vía libre para reformar el sistema tributario, eliminar gran parte de la política de defensa ambiental en los Estados Unidos y alterar el balance de la Corte Suprema, entre muchas otras cosas. Es por esto que las elecciones celebradas este noviembre, representaron un referéndum crucial sobre si debe continuar o no la implementación de la agenda Trump.

Lo cierto es que el pueblo estadounidense se encuentra profundamente dividido entre aquellos que defienden la agenda del presidente y aquellos que se oponen.

Azules y rojos en el Parlamento

Al amanecer del miércoles 7 de noviembre, los demócratas habían logrado asegurar 222 de los 435 escaños en la Cámara de Representantes, lo cual constituye una mayoría en oposición a Trump. Mientras tanto, la composición del Senado estadounidense a partir de enero, será de por lo menos 52 republicanos, frente a no más de 48 demócratas. Esto quiere decir que el partido de gobierno logró aumentar su mayoría en el Senado a pesar de perder control de la Cámara de Representantes.

El Partido Demócrata logró apoderarse de la Cámara de Representantes anotando importantes victorias en distritos que actualmente son representados por miembros del Partido Republicano. Los distritos que los demócratas lograron voltear se encuentran principalmente en suburbios de clase media alrededor de grandes ciudades como Washington DC, Miami y Nueva York. En estos distritos, las posturas radicales y los escándalos que rodean al presidente, movilizaron masivamente a las mujeres al igual que a las minorías raciales y religiosas, costándole así la Cámara de Representantes al Partido Republicano.

Mientras tanto, en el Senado, el Partido Demócrata perdió frente a un mapa electoral que no le favorecía ya que tenía que defender a muchos de sus candidatos en estados donde el Trump es muy popular. Su aprobación en estados como Missouri, Indiana, North Dakota (Dakota del Norte), Texas y Florida, le permitió al Partido Republicano aumentar su mayoría en el Senado federal. Sin embargo, los márgenes de victoria en la Florida y en Texas, reflejan que la gran cantidad de votantes hispanos en estos dos estados (entre ellos cubanos, mexicanos y puertorriqueños), podrían cambiar la dinámica electoral en elecciones futuras. Mientras tanto, los demócratas sí obtuvieron importantes victorias senatoriales en estados tradicionalmente conservadores, como West Virginia (Virginia Occidental), Nevada, Montana y posiblemente Arizona, donde la diferencia es tan mínima que todavía no se ha emitido un resultado oficial.

Gobierno dividido

A partir del mes de enero, el presidente Trump deberá gobernar con un Congreso dividido, lo que le dificultará la implementación de su agenda.

En la estructura gubernamental de los Estados Unidos, el Senado está a cargo de aprobar los nombramientos que hace el presidente. Por ende, ante la victoria republicana en el Senado, el Trump tendrá vía libre para seguir nombrando jueces y magistrados, incluyendo cualquier vacante futura en la Corte Suprema. Sin embargo, en materia fiscal y ambiental, al igual que respecto a reformas migratorias y cualquier modificación al sistema de salud pública, deberá construir consenso junto a la oposición demócrata en la Cámara de Representantes. Es de esperarse que los demócratas en la Cámara se opondrán ferozmente a la financiación del muro en la frontera con México, a cualquier reforma al sistema de salud universal (también conocido como Obamacare) y a cualquier reforma tributaria que favorezca a las grandes empresas.

Por último, la victoria demócrata en la Cámara de Representantes es significativa, porque férreos opositores a las posturas y políticas de Trump, asumirán cargos de mucho poder en el Congreso. Por ejemplo, la representante afroamericana de la ciudad de Los Ángeles, Maxine Waters, quien ha pedido públicamente la destitución del presidente, asumirá la jefatura de la Comisión de Servicios Financieros de la Cámara y podrá investigar exhaustivamente las declaraciones de renta de la familia Trump y sus aliados. Igualmente, el representante por Nueva York, Jerrold Nadler, asumirá la dirección de la Comisión Judicial de la Cámara y ha prometido continuar investigando las acusaciones contra Brett Kavanaugh, quien fue nombrado por el Presidente Trump a la Corte Suprema.

A pesar de que la implementación de la agenda Trump se verá sustancialmente limitada y de que se pueden anticipar dos años de fuertes batallas partidistas en Washington, las aspiraciones de algunos sectores del Partido Demócrata de destituir al presidente, no se harán realidad, ya que el Senado, quien tendría que procesar el impeachment, permanece controlado por el Partido Republicano.

Todo esto significa que la atmósfera política de los próximos dos años, dependerá de la disposición de cooperación que tenga cada partido. Si cada lado se dedica a combatir las propuestas de sus antagonistas, serán dos años de fuertes choques que podrían favorecer a Donald Trump en el 2020, ya que el presidente podrá decir que los demócratas no le permitieron gobernar y que él no es culpable de sus fracasos. Mientras tanto, los demócratas deben demostrarle al público estadounidense cuál es su agenda política y deben convencer a los electores de que un candidato demócrata merece regresar a la Casa Blanca.

En miras al 2020

A partir de esta semana, ya comienzan las campañas para la elección presidencial del 2020. El presidente Trump mantiene su determinación de ser el candidato republicano sin ninguna sombra de duda ni contrincantes dentro de su propio partido. Para lograr esto, ha comenzado a desmontar las investigaciones que podrían perjudicar su capital político. El mismo miércoles 7 de noviembre, despidió al procurador general, Jeff Sessions, en lo que es un claro intento de desacreditar y detener la investigación liderada por el procurador, Robert Mueller, sobre la intervención rusa en la elecciones del 2016, que le podría costar la candidatura en el 2020.

Por otro lado, los demócratas han renovado sus ánimos con la victoria en la Cámara de Representes y ahora deberán elegir si van a presentar un candidato presidencial afín a las bases de izquierda, como serían las senadoras Elizabeth Warren o Kamala Harris, o si van a presentar uno más centrista, como serían el ex-vicepresidente Joe Biden o el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo.

La política en los Estados Unidos seguirá siendo reñida y polarizadora, particularmente mientras haya una figura tan polémica como Donald Trump en la presidencia. Sin embargo, podemos enorgullecernos ante la certeza de que, a partir de enero, el gobierno se parecerá un poco más a la sociedad que pretende gobernar. Voces femeninas, voces jóvenes, voces afroamericanas, voces hispanas, voces inmigrantes, voces musulmanas y voces indígenas, resonarán más que antes en los importantes debates del Congreso de los Estados Unidos.

¿Cómo se ve el escenario para la presidenciales de 2020?