Conquistadores de celuloide - La influencia cultural del cine y la TV

¿Qué tienen en común El Señor de los Anillos, El Tigre y el Dragón, Dragon Ball y Friends? Todas son producciones audiovisuales que han ayudado a difundir la cultura, despertar interés e impulsar la imagen internacional de sus países de origen.

Por Bruno Carrillo | 2013-10-07 | 12:01
Tags | turismo, cultura, cine, tv, televisión, campañas
EEUU no es el único en servirse de las producciones audiovisuales para hacerse conocido e influir culturalmente en el resto del mundo

Cuando chico partí jugando fútbol luego de ver una serie llamada Los Supercampeones. No tenía idea de que era animación japonesa o que provenía del otro lado del mundo: todo lo que sabía era que se veía increíble y quería jugar a la pelota como ellos. Recuerdo incluso a compañeros de curso intentando imitar jugadas de la serie en la cancha, aunque los costalazos nos enseñaron que las leyes de la física no perdonan en la realidad. 

Por décadas he escuchado de gente que ha viajado a lugares exóticos "porque lo vi en una película" (¿no te gustaría estar acaso en la Tierra Media?), que comenzó a hacer alguna actividad extraprogramática porque lo vio en la pantalla o que incluso modificó su manera de hablar porque le gustó cómo hablaban en una serie (¡duh!). 

Estados Unidos ha sido el gran exportador de cultura del siglo XX y lo que va del XXI, con un poderoso Hollywood esparciendo sus producciones hasta los rincones más impensados del planeta (hasta Kim Jong-Il, el previo líder supremo de Corea del Norte, tenía una famosa colección de películas hollywoodenses) y una industria de series de televisión que son conocidas aquí y en la quebrada del ají.

El resultado: prácticamente todo el mundo sabe quién es Estados Unidos, cómo es –a grosso modo– su estilo de vida, costumbres y principios, su manera de hablar, su fisionomía y su idiosincrasia. Pero esta nación norteamericana no es la única en servirse de las producciones audiovisuales para hacerse conocida e influir culturalmente en el resto del mundo: en los últimos años han surgido varios otros jugadores en este campo, con consecuencias muy beneficiosas para ellos. 

Japón y el animé

Desde Angel, la Chica de las Flores, pasando por Dragon Ball, Los Supercampeones, Sailor Moon y El Detective Conan, la televisión abierta chilena lleva décadas trasmitiendo lo que es probablemente el producto más distintivo de la cultura japonesa: el animé. Estas caricaturas de ojos grandes y rasgos tiernos se han ganado un lugar en el mercado mundial con su gran diversidad de temas, estilos y humor. 

Si bien hay muchas películas "de culto" que se habían abierto espacio a codazos a través de los círculos un poco más alternativos de amantes del cine (Akira, El Cementerio de las Luciérnagas, Totoro, entre muchas otras), fue Hayao Miyazaki y su Óscar a la mejor película de animación por El Viaje de Chihiro quien terminó por martillar el lugar de la animación japonesa en el mundo.

Aun cuando en el mismo Japón hay personas que no son fanáticas de los mangas (cómics japoneses) y el animé, la influencia que éstos tienen tanto sobre los habitantes japoneses como sobre el resto del planeta es incalculable: conozco incontables casos de personas que se interesaron en alguna actividad o hobby porque ya sea vieron un animé al respecto o lo leyeron en un manga. Desde disciplinas y deportes como la halterofilia, fútbol, atletismo, artes marciales, go (juego de mesa muy popular en Asia) y básquetbol, hasta actividades un poco menos comunes como hacer pan y manejar tanques. 

Sí, manejar tanques. Un animé llamado Girls und Panzer, que trata de un grupo de colegialas en minifaldas que están aprendiendo "el camino guerrero" del tanque, junto a otras publicidades animadas para aumentar la popularidad de las fuerzas armadas japonesas (conocidas como las Fuerzas de Autodefensa), llevaron a un incremento de un sorprendente 50% en las postulaciones al ejército y la guardia costera en comparación al año anterior. 

En el mundo político japonés, probablemente el primer ministro más popular de la última década fue Junichiro Koizumi. A tal punto que hay una serie de manga completa donde él es el protagonista (Mudazumo Naki Kaikaku) y figuran varios otros líderes mundiales que van desde Vladimir Putin y Angela Merkel, al papa Benedicto XVI, todo en versión animación japonesa. 

Recientemente, el gobierno japonés anunció que invertiría 500 millones de dólares durante los próximos 20 años para promover su cultura en otros países, con miras a mejorar la situación económica de Japón. Esto fue en parte inspirado por el ejemplo surcoreano.

Corea del Sur, el tigre mediático de Asia

De acuerdo al ministerio de Economía, Trabajo e Industria japonés, Corea del Sur invirtió 500 millones de dólares en 1998 para promover su cultura. Quince años más tarde, no solo las bandas de música coreana dominan el mercado en Asia (y han llegado hasta nuestro continente en más de una ocasión), sino que tiene varias películas y series que han marcado hitos en el mundo del cine y, en menor medida, la televisión. Sin mencionar el fenómeno "Psy", con su pegajosa canción que ha llevado hasta a vendedores de churros en playas de nuestro país a entonar la melodía de Gangnam Style

De más está decir que las teleseries coreanas (conocidas como Korean drama o K-Dorama), que están ganando popularidad poco a poco en nuestro país, han llevado a un aumento del interés en el vestuario, comida, música y cultura de esa nación. 

El cine como herramienta turística

La saga de El Señor de los Anillos no solo fue una de las producciones que más ingresos ha generado en la historia del cine, también impulsó fuertemente el mercado turístico de Nueva Zelanda, el lugar donde fue filmada. Después de la entrega de la primera película, hubo un aumento del 50% en el número de personas que visitaron esta pequeña nación oceánica que, similar a Chile, está en un rincón del mundo. 

Además de mostrar la belleza despampanante de los paisajes de Nueva Zelanda, la producción de El Señor de los Anillos y El Hobbit creó empleos en la industria cinematográfica y turística: al año miles de personas viajan a este país para conocer Hobbiton, El Monte del Destino o las varias locaciones donde se filmaron escenas de las películas. 

A diferencia de un enorme poder mundial como Estados Unidos, que en cierta medida tiene un interés palpable por mantener una influencia sobre el resto del mundo a través de su cultura, países más pequeños como Chile pueden beneficiarse enormemente a través de la promoción audiovisual, ya sea del cine o la pantalla chica. 

Es muy cierto que hay muchos sectores de nuestra sociedad que necesitan financiamiento urgente (como la educación y el transporte), pero el invertir en la promoción de las artes audiovisuales en Chile y su distribución en el extranjero es invertir en la imagen país y en la difusión de nuestra cultura en el resto del mundo y eso trae consigo consecuencias macroeconómicas positivas de las cual podríamos perfectamente beneficiarnos como lo han hecho Corea del Sur y Nueva Zelanda.