Comprar sin disfrutar

Producto de las tentadoras ofertas que ofrece el mercado, solemos comprar cosas que deseamos, pero que probablemente terminarán acumulando polvo en un estante. El Barbón plantea que se disfruta más lo que se necesita, que lo que se desea.

Por Alfredo Rodríguez @AlfreoRodriguez | 2013-11-26 | 10:59
Tags | compras, consumismo, materialismo, tiempo, actividades, tiempo libre
"Para mi sorpresa, comprar ese domingo una tijera de podar no solo fue la opción más práctica, además fue la opción más divertida".

Ayer fue el CiberMonday y decidí no vitrinear por los sitios web que participaron de la promoción. No tengo nada personal contra la iniciativa, pero sé que este tipo de ofertas solo sirve para que me den ganas de tener algo solo porque está muy barato. Y cuando miro mi realidad de padre de dos hijas pequeñas y a eso le sumo que aún tengo un par de juegos de Playstation sin terminar, varias películas pendientes por ver y montones de libros en mi estante esperando que algún día los lea (¡y que me muero de ganas de leer!) me doy cuenta que, con toda esa entretención pendiente, no tiene ningún sentido comprarme algo nuevo que no sea una máquina de hacer tiempo. Pero entonces, si tengo tanta entretención pendiente ¿por qué me sigue resultando tan atractivo comprar más “cosas entretenidas”?

Malas decisiones.

Hace más de un año adquirí, en un mega ofertón, una colección de libros que hace tiempo quería leer. Sé que, cuando tenga el momento para leerlos, los disfrutaré a concho, pero aún están ahí, en mi estante, todavía plastificados y esperando a que tenga el tiempo para tomarlos.

El domingo, en cambio, hice probablemente una de las adquisiciones más aburridas en la historia de mi vida consumista: compré unas tijeras para podar. Fue una compra por necesidad, pero llevo dos tardes completas disfrutando el arrasar con las enredaderas y plantas del jardín. Ustedes se preguntarán ¿descubrió recién una nueva pasión por la jardinería o perdió estúpidamente dos tardes en que podría haber leído? La respuesta es: ninguna de las anteriores.

Ilusión vs. realidad.

Si me dan a elegir entre comprar un libro o una tijera de podar, siempre elegiré el libro. Ahora, para mi sorpresa, comprar ese domingo una tijera no solo fue la opción más práctica (una enredadera estaba matándolo todo y amenazaba con echar abajo el muro del vecino), además fue la opción más divertida. ¿No que preferías los libros? Sí, pero leer no era una opción: Por un lado, había que hacerse cargo algún día de la enredadera y por otro, obligar a mi mujer a cuidar a las niñitas para que yo pase la tarde completa leyendo simplemente no es una alternativa factible. ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo?Realizamos compras pensando en nuestros sueños, pero al volver a nuestra vida diaria nos damos cuenta que fueron inútiles. Los libros de mi estante no son más que un sueño de tener un tiempo con el que hoy simplemente no cuento.

¿Hacer o tener? Esa es la cuestión.

No sé si por culpa del marketing, la educación que recibimos o la esencia del ser humano, pero dedicamos mucha energía a preocuparnos de aquello que queremos tener y no en lo que será más provechoso. Y lo digo pensando en la felicidad y entretención que nos proporcionará. Vitrineamos por los supermercados y las webs mirando aquello que más nos atrae, buscando la satisfacción instantánea del momento de la compra, pero olvidando el verdadero uso que le podremos dar a aquello que compramos.

Corregirlo no debiera ser muy difícil. Bastaría con que, a la hora de regalarnos algo, más que preguntarnos qué nos gustaría tener, nos preguntáramos cuando podremos utilizar esto que estamos comprando. O mejor aún, al revés: primero pensar en qué tareas podemos realizar en nuestro tiempo libre para recién después pensar si necesitamos comprar algo para realizarlas. Poner el “hacer” por sobre el “tener”. Quizás así sufriríamos menos por no tener algo que no necesitamos. O por tenerlo pero no contar con el tiempo para disfrutarlo.