Imagen: Gojko Franulic
actualidad | Opinión | Guía para padres

¡Prendan la luz! Cómo disminuir el miedo a la oscuridad

Si tu hijo tiene problemas para irse a dormir y se asusta al apagar la luz, estas sencillas técnicas te enseñarán qué hacer para ayudarlo a superar su miedos.

Por Ignacia y Javiera Larrain | 2014-09-04 | 14:30
Tags | noche, oscuridad, dormir, miedo, niño, imaginación, monstruos, inseguridad, luz
"Debemos comprender que estos temores infantiles antes de dormirse son normales en este período del desarrollo y saber que suelen comenzar alrededor de los tres años"
Mario y Ana están preocupados porque su hija Andrea, de tres años, ha cambiado en el último tiempo. Cuando era más chica se acostaba feliz en su cama, sin reclamar y se quedaba dormida tranquila y contenta. Sin embargo, desde hace un tiempo, Andrea se muestra inquieta antes de ir a dormir, alega y llora diciendo que no quiere quedarse sola en su pieza, que le da susto y que quiere que la acompañen. Le pide a la mamá que deje la luz de la pieza prendida y que se quede junto a ella hasta que esté dormida. Los padres han hecho todo lo que ella les ha pedido, dejan todas las luces prendidas, la acompañan, le dan la mano y le cantan canciones, pero el problema en vez de desaparecer parece ir en aumento. 

Revisar el desarrollo infantil puede ayudar a estos padres a comprender qué es lo que le está pasando a su hija y tomar medidas que la ayuden a sentirse más segura. 

Antes de los dos años el tipo de pensamiento del niño lo hacía estar enfocado en los estímulos sensoriales presentes en su ambiente. Sin embargo, a medida que va creciendo, es capaz de representar en su pensamiento imágenes de objetos o elementos que no están presentes, desarrollándose así la imaginación infantil. Un niño en edad preescolar (entre los dos y los seis años), posee un tipo de pensamiento pre-operatorio, que se caracteriza por ser intuitivo y mágico. Es por esto que se sumergen en un mundo de fantasías y personajes imaginarios que pueden llevarlos a disfrutar mucho, pero que también pueden hacerles experimentar fuertes temores. En esta etapa, a los niños aún les cuesta diferenciar entre fantasía y realidad y las cosas que imaginan son experimentadas con una gran intensidad emocional, por lo que los dragones o brujas de sus cuentos y juegos, pueden aparecer como imágenes muy perturbadoras en algunos momentos del día. 

La noche, dado que es el momento en que disminuye la intensidad de los estímulos externos (hay más silencio y vemos menos), es una instancia en la que la imaginación se apodera del pensamiento infantil, por lo que pueden aparecer imágenes de monstruos, duendes o villanos y hacer que el niño se sienta muy inseguro. Junto con ello, la oscuridad es asociada por algunos niños con sensaciones de desamparo y soledad, lo que contribuye a aumentar ese temor. Por último, el no poder ver, producto de la falta de luz, hace que el niño interprete sonidos o movimientos propios de la naturaleza o del ambiente, como resultado de la acción de los personajes de su imaginación.

Debemos comprender que estos temores infantiles antes de dormirse son normales en este período del desarrollo y saber que suelen comenzar alrededor de los tres años, alcanzando un punto máximo entre los cuatro y los seis años, para luego ir disminuyendo natural y gradualmente. 

De todos modos, hay algunas cosas que los padres pueden hacer en este período para ayudar al niño a manejar sus temores y a dormir más tranquilo.
  • Desarrollar una rutina previa a acostarse que le dé seguridad al niño. Lo que se repite siempre del mismo modo hace que el medio sea más predecible y controlable para el niño. Por ejemplo: cada día comerá, se bañará, contarán un cuento y se acostará.

  • Crear hacia el final del día un clima agradable en el hogar, de manera que el momento de acostarse se asocie con sensaciones de calidez y acogida, y no con retos y críticas. Para esto es fundamental mantener la propia clama emocional, organizarse bien en las tareas domésticas de la noche como cocinar y bañar a los niños y calcular bien los tiempos que se necesitarán, con la finalidad de no andar corriendo y nervioso.

  • Ir disminuyendo la intensidad de los estímulos en la casa para ir induciendo una atmósfera de relajación. Bajar el volumen de las conversaciones, evitar gritos, bajar la intensidad de las luces y apagar estímulos muy intensos como música fuerte, televisores u otras pantallas.

  • Evitar la sobreexcitación del niño con pantallas al menos una hora antes de irse a acostar. 

  • Regular el tipo de programas que el niño ve durante el día en la televisión, evitando aquellos de contenidos violentos o de terror.

  • Conversar con el niño sobre las cosas que le dan miedo, ayudándolo a comprender que sólo existen en su imaginación, pero sin jamás ridiculizarlo o minimizar su vivencia de susto. 

  • Si el temor se asocia a personajes malvados, se puede recurrir a la misma imaginación para “vencerlos”, por ejemplo, ayudar al niño a que se imagine a ese mismo personaje pero en una situación graciosa (la bruja que se cae de la escoba voladora o el monstruo que se resbala con una cáscara de plátano). 

  • Contar cuentos antes de dormir que tengan temas alegres y positivos, evitando aquellos que son tristes o con personajes que dan susto.

  • Brindar al niño la contención emocional que necesita para sentirse seguro; esto se puede lograr abrazándolo un rato, haciéndole cariño en la cabeza o espalda, diciéndole lo mucho que se le quiere, mostrando comprensión respecto a su temores. 

  • Enseñar al niño algunas técnicas sencillas de relajación y manejo de la respiración que le ayuden a conciliar el sueño: imaginar que su estómago es un globo que se infla y desinfla cada vez que respira; o imaginarse las olas del mar que van y vienen a un ritmo regular.

  • Proporcionar elementos externos que le den seguridad al niño: que duerma con un monito de peluche regalón, usar un “espantacucos” o dejar encendida una luz del pasillo. Ninguno de estos elementos va a ser perjudicial si se inserta dentro de la rutina de acostarse. Lo que debemos evitar es que el niño comience a pedir cada vez más y más elementos antes de irse a dormir, lo cual al final más que darle seguridad lo hará dependiente y alargará eternamente el proceso de irse a dormir. Debemos mostrarnos lo suficientemente calmados y seguros como padres, para transmitirle al niño que con uno o dos elementos (por ejemplo un osito y la luz del pasillo prendida) él estará seguro y podrá dormir bien.

  • Revisar la propia actitud. Si nos mostramos muy aprehensivos y transmitimos al niño muchos peligros en todas las situaciones de la vida diaria, estaremos reforzando la actitud temerosa del pequeño. Debemos mostrarle con nuestra propia serenidad que él podrá estar bien y que el mundo no está lleno de amenazas.
Ana y Mario comprendieron que los temores de Andrea antes de ir a dormir son propios de su edad, por lo que lo tomaron con calma y cada noche antes de dormir, hicieron una rutina e inventaron un personaje "Toby, el perro guardián de los sueños", quien protagonizó todas las noches una aventura que le contaban antes de dormirse. Poco a poco, Andrea dejó de temer a la oscuridad, y al cabo de un tiempo, no pidió más la luz encendida.

¿Cómo se siente tu hijo a la hora de dormir? ¿Recuerdas tus miedos de niño en las noches?