Insomnio: por no respetar el reloj biológico

Un 30% de la población mundial se queja de amanecer cansado o no poder quedarse dormido. Si no se toma en serio eso, puede haber repercusiones importantes en la salud.

Por Luz Edwards @luzedwardss | 2013-05-08 | 09:07
Tags | insomnio, sueño, salud
"Biológicamente no es lo mismo acostarse a las 22 horas que a las 2 de la mañana"

Las personas a veces olvidamos que nuestra existencia tiene una base material que no podemos llegar y obviar. No es que estemos determinados por la biología, sino que, sencillamente, somos también un cuerpo que se rige por la naturaleza, así como el resto de los seres vivos. En el caso del sueño, estamos programados para descansar y dormir cuando el resto del entorno natural también está detenido. 

Cuando llevamos un estilo de vida que no respeta eso, muchas veces comienzan los problemas: cansancio durante el día y dificultad para conciliar el sueño en la noche, a pesar de que estemos cansados. Es una vivencia muy desagradable y angustiante, y se calcula que la sufre o ha sufrido alrededor del 30% de la población mundial. Se le llama insomnio primario, pues no está asociado a un cuadro mayor, como depresión o trastorno ansioso. Sin embargo, si el insomnio se prolonga en el tiempo, puede llevar a alguna patología debido al enorme desgaste que significa para la persona. 

El psiquiatra uruguayo Alexander Lyford-Pike, fundador del Instituto de Psiquiatría y Psicología de Montevideo, tiene al insomnio como uno de sus temas favoritos. Le llama “enemigo oculto”, porque observa que es típico de los empresarios, ejecutivos y otros trabajadores muy ocupados que por sus viajes y horarios descuidan el sueño y van deteriorando la salud, viendo disminuida progresivamente su energía y creatividad. “Menos comprensible es el caso de la gente que, sin necesidad, se queda mirando televisión o chateando hasta tarde y se pierde la primera parte de la noche, que es cuando se dan las ondas más profundas. Una vez que pasó ese tiempo, ya no se recupera”, afirma el psiquiatra.

¿Por qué no se puede recuperar el sueño perdido? 

Lo mejor para el funcionamiento del cuerpo humano es dormir 1/3 del día y que esto ocurra, aproximadamente, entre las 22 horas y las 7 de la mañana. Los números no calzan, porque la fórmula es relativa: 8 horas al día se considera el promedio saludable, pero hay personas que con 6 quedan perfecto y otras necesitan 10 para despertar descansados. 

Lo que sí es una verdad para todos, es que el sol tiene un rol crucial y, por eso, biológicamente no es lo mismo acostarse a las 22 horas que a las 2 de la mañana. Alrededor de las 18 horas, con la baja de la luminosidad, se envía una señal eléctrica de la retina al reloj biológico. Ésta le indica a la glándula pineal que comience a liberar melatonina, la llamada “hormona del sueño”. Por eso, lo óptimo recomendado por los expertos en sueño es hacer coincidir ese evento biológico con un cese paulatino de las actividades. Comer temprano, alrededor de las 20 horas, ir atenuando la luminosidad artificial en la casa y otros estímulos, y así, a las 22 dejarse llevar por una somnolencia natural. 

En tiempos antiguos esto seguramente se cumplía en la mayoría de los casos, pero todo cambió con la luz eléctrica. Se calcula que desde su llegada a la vida cotidiana, el ser humano duerme 2 horas menos: la luz artificial engaña a la glándula pineal e impide que secrete melatonina a la hora natural, y no nos da sueño. Finalmente, los engañados somos nosotros, que creemos que podemos seguir funcionando hasta la hora que queramos, sin repercusiones para nuestro bienestar. “Cómo te vas a quedar dormido a las 11 de la noche si llegaste a tu casa a las 10 de un partido de fútbol, del trabajo o de una reunión de apoderados del colegio. Estás acelerado, con adrenalina en la sangre”, ejemplifica Lyford-Pike.

El mejor tratamiento: cambio en el estilo de vida

Podemos obviar el dato, pero hay consenso absoluto en que lo primero que debe hacer una persona que está preocupada por su sueño, porque amanece cansada y siente que ya no le cunde el día, es estar dispuesto a modificar los hábitos que juegan en contra del dormir. Por esto mismo, en las clínicas del sueño –centros especializados en estos temas- la primera consulta consiste en preguntas al paciente para que vaya contando su rutina, sus horarios y sus preocupaciones. En general, esa entrevista se complementa con un cuestionario, y la recomendación del médico, muchas veces, es cambiar ciertos hábitos.

Las personas que no están dispuestas o que no pueden hacer el cambio porque su trabajo implica turnos nocturnos o muchos viajes al extranjero que le cambian el horario, pueden recurrir a fármacos. Pero se recomienda que eso sea sólo algo momentáneo porque dormir mal, dado que el sueño es algo tan natural y necesario, se considera una luz de alarma de que algo no está muy bien. 

EFECTOS DEL MAL DORMIR

El sueño es un estado fisiológico que se da en alternancia con el estado de vigilia. Es una necesidad vital que no tiene ningún sustituto. 
  1. Falta de energía y pérdida de musculatura: La hormona del crecimiento es la que durante toda la vida energiza y renueva las células del cuerpo. Cuando no se duermen las horas suficientes ni con la profundidad suficiente, ésta no se sintetiza.
  2. Piel más vieja pues se reduce la secreción de estrógeno, hormona que incide en la humectación de la piel.
  3. Aumento del apetito: Está demostrado que la continua falta de sueño vuelve más lento el metabolismo.
  4. Menos memoria y concentración: Aumenta la secreción de cortisol y eso, sostenido en el tiempo, produce una atrofia del hipocampo, afectando la memoria.
  5. Accidentes: Durante la noche se reduce la capacidad de concentración; entonces, estar despierto, aumenta las probabilidades de accidentes o errores.
  6. Baja en el ánimo: Durante el sueño profundo se sintetizan los neurotransmisores del sistema límbico, región del cerebro que regula las emociones. Por eso, existe una correlación entre depresión e insomnio. En algunos casos el continuo bajo ánimo que produce dormir mal puede ser la causa de una depresión.
  7. Cuerpo “recalentado”: Durante el sueño profundo baja la temperatura del cuerpo. Cuando esto no ocurre, el cuerpo no se repone bien. Es similar a lo que sucede cuando dormimos con mucho calor.

¿Qué técnicas has desarrollado para vencer el insomnio?