The Babadook: Sin cabros chicos no hay terror

El otro día vimos una película tan pero tan terrorífica, que nos salieron las terribles canas en las cejas, y en la punta de cada cana había una reproducción microscópica de El Grito de Münch. Lo juro.

Por Hermes Antonio | 2014-12-05 | 17:00
Tags | hermes, terror, películas, babadook, crítica, flims, el exorcita, poltergeist

The Babadook se llamaba la película, es australiana y se trata de una señora histérica que tiene un hijo paliducho con cara de caníbal, y el cabro chico dele con que hay un fantasma en la casa llamado “El Babadook”. ¿Y de dónde sacó esta idea el cabro chico? De un libro “infantil” misterioso que hay en la casa, con dibujos que parecen pesadilla de Tim Burton hechos con lápiz de carbón sacado de una hoguera donde quemaban brujas y encuadernado en piel de cadáver de zombi haitiano. Creo, la verdad es que nunca explican de dónde sacó el libro el cabro chico, probablemente lo arrendó en Bibliometro o se lo compró en la sección de ofertas de la librería.

El asunto es que este libro es de esos cosos malditos que invocan presencias malditas. Como el video arte de El Aro, la tele enPoltergeist o la Ouija en El Exorcista. Y saben qué, pensando en esas películas resulta que tienen más de una cosa en común… Todas tienen niños en sus historias.

No hay que ser Neil DeGrasse Tyson para darse cuenta de que muchas (y las mejores) películas de terror de todos los tiempos tienen NIÑOS metidos. Piénsenlo. La Profecía, Sexto Sentido, El Bebé de Rosemary, El pueblo de los Malditos, Quién Puede Matar a un Niño, El Orfanato, Mamá, El Espinazo del Diablo, The Children, Aliens, las Viernes 13 y las Pesadilla. Podríamos estar hasta mañana. Pero es cierto, siempre hay cabros chicos metidos de alguna u otra manera, en demasiadas (y buenas) películas de terror.

¿Qué onda, terror? Los motivos de que esto pase igual son obvios, yo cacho. Cuando péndex es cuando más nos dan miedo muchas de las cosas que pasan en las películas de terror. Es cuando más miedo nos da la oscuridad, cuando tenemos imaginación suficiente para transformar cualquier sombra proyectada en la pared en un monstruo terrible, cuando la vecina fea es una bruja (del 71), y peor de todo, es cuando estamos más solos y vulnerables. La dura, cualquier cosa nos puede hacer daño, somos esclavos de lo que dictan los adultos, y ellos que debieran ser nuestros guardianes son los que menos nos van a creer que hay un duende horrible debajo de la cama esperando para comernos.

Yo creo que este tipo de cosas no se nos olvidan nunca. Ni las pesadillas que teníamos cuando chicos, ni las tonteras que se nos ocurrían cuando cualquier cosa nos daba miedo. Los peliculastas lo saben y por eso tanta película usa niños para conectarse a nuestro cerebro y mandarnos sustos por ahí (metáfora). Cuando el cabro chico dice que ve gente muerta y después se le aparecen los fantasmas ya saltamos la barrera de lo increíble, porque un cabro chico no piensa en explicaciones científicas. ¿Sí o no? Por eso hay tan pocas películas de terror donde el protagonista es un adulto escéptico que no cree en cosas fantasiosas. Ese personaje se va a pasar toda la película buscando explicaciones científicas y nunca se va a morir de miedo, si no me creen pregúntenle a la agente Scully. ¿El cabro chico en cambio? Se pasa directamente a morirse de miedo tapándose debajo de las mantas, que es exactamente lo que hacíamos todos cuando algo nos daba miedo en la edad pre-escolar.

Hemos visto mil veces la escena de un cabro chico (niñito o niñita) suplicándole al adulto que le crea que en la casa hay fantasmas, o cualquier cosa. Y por alguna misteriosa razón las primeras en abrirse a lo sobrenatural son las mujeres. Será que siempre han sido más “espirituales” que los hombres más “científicos”, pero esto es así. Uno sabe que el niño en la película de terror tiene cero posibilidades de éxito cuando habla con el papá (Don’t be afraid of the dark), pero sí puede que le crea la mamá o la hermana grande (Poltergeist, Chucky, El Laberinto del Fauno). Es cuático y este puro tema da para un libro completo.

Pero las películas de terror también van un paso más allá. Porque por una parte conectan la infancia con los miedos, pero también usan la infancia CONTRA el adulto, a quien las películas de terror están dirigidas. Si no, no me explico por qué tantas veces los villanos de las películas de terror son los mismos cabros chicos. Mi interpretación es que los cabros chicos (para los adultos) son unas cajas de misterios, no digan que no. No se me ocurre alguien más impredecible que un cabro chico. ¿Han hablado con algún cabro chico que no conozcan? Loco, PUEDE PASAR CUALQUIER COSA. Les preguntas qué monitos les gustan y te tiran un combo. O les ofreces un pedazo de torta y se ponen a berrear como si les hubieran clavado agujas en los ojos.

Y en el fondo, también les tenemos miedo a los péndex.

El Exorcista no sería ni por si acaso tan terrorífica si no fuera una niñita la poseída. El Andy Cristo de La Profecía es terrorífico solo cuando es un péndex. Y toda la gracia de la española Quién puede matar a un niño es precisamente que uno no tiene nada que hacer cuando todos los niños del mundo deciden asesinar a los adultos. Cooperamos. Los péndex son los que la llevan, los que heredarán el mundo, los que nos van a meter a todos en asilos de ancianos y se van a burlar de nuestras modas obsoletas y de que no podamos usar los controles romotos del año 2035. Y más encima tenemos que protegerlos de todo, malditos péndex.

Las buenas películas de terror, las buenas buenas, saben usar esta doble cara de los péndex del demonio. Por una parte esa vulnerabilidad que vivimos todos, y por otra ese misterio terrorífico que son para los adultos. Y aquí es donde The Babadook se las manda. Porque lo segundo más terrorífico que el monstruo del título es precisamente ese cabro chico que se despierta en las noches y te mira con ojos de huevo frito porque sintió la presencia de un fantasma. Ese cabro chico que con sus berrinches te va a enemistar con todo el mundo y va a hacer que los del servicio social te lo quiten y se lo lleven a los Flanders. Ese cabro chico que es lo más importante del mundo y por el que tienes que dar la vida, porque así no más es la cosa. Ese cabro chico que en los peores momentos de la película hace que su mamá -y nosotros- lo odiemos con toda nuestra alma. Ahí está el terror de The Babadook. Ahí está el terror mismo, señores. Ahora corran a ver The Babadook, gracias.