Guía para padres - Peleas entre hermanos ¿Jueces o moderadores?

Las peleas son normales entre los hermanos y menos graves de lo que los padres piensan. Lo importante es enseñar a los niños a resolver sus conflictos, más que intentar impedirlos.

Por Ignacia y Javiera Larrain | 2013-08-16 | 10:30
Tags | educación, inteligencia emocional, niños, infancia, padres, hijos, crianza, paternidad, maternidad, relaciones, peleas, conflictos
"Los conflictos son parte de las relaciones fraternales (...) Nos deberíamos preocupar más si dos hermanos que viven juntos se ignoran"

Cristóbal, de 6 años y Martín, de 4, son hermanos y desde hace un tiempo están peleando todos los días. Cristóbal jugaba con sus autitos de carrera, pero llegó Martín y se los quitó, por lo que Cristóbal le pegó para quitárselos de vuelta. Martín se puso a llorar. Laura, su mamá, nerviosa, se dirigió a donde estaban los niños y retó a Cristóbal diciéndole “¡Ya le pegaste de nuevo a tu hermano, te fuiste castigado a tu pieza!”.

Al día siguiente, Cristóbal que estaba un poco molesto por la pelea del día anterior, llegó del colegio y empezó a molestar a Martín. Su mamá le dice que debe pedirle perdón, pero Cristóbal no quiere; la mamá lo obliga y termina disculpándose sin sentirlo.

Al otro día, se sientan juntos a ver televisión y no se ponen de acuerdo respecto a qué programa ver. Comienza un griterío y Laura llega furiosa y les grita “¡Hasta cuándo, son unos peleadores! ¡Son como el perro y el gato, no se puede vivir en paz con ustedes! Como Cristóbal terminó primero su leche decidirá qué ver”. Al poco rato escucha otra pelea y a Martín llorando. La mamá pregunta por qué está llorando, indagando para saber qué pasó y ambos hermanos se echan la culpa mutuamente y Laura reta a Cristóbal porque fue el primero en pegar.

Finalmente, Laura termina furiosa con sus dos hijos. Está superada por las constantes peleas entre ellos, no sabe qué hacer. Siente que las peleas hacen imposible tener una vida familiar agradable ya que tiñen todo el clima. 

¿Qué está ocurriendo? El significado de las peleas es muy diferente para los padres que para sus hijos. Para los niños es una forma de demostrar interés por el otro (me importan tus cosas, tus juegos). En cambio para Laura, son vistas como rivalidad, agresión y problema.

Esto no es decir que las peleas no deban importarnos, pero Laura ha cometido una serie de errores al enfrentar los conflictos de sus hijos.

Errores frecuentes

  • Cuando Laura los oye peleando, lo primero que hace es tratar de intervenir sin conocer todo lo que ha ocurrido antes.Tiene la mejor de las intenciones, pero no se da cuenta de que con sus intervenciones lo único que logra es hacer que la enemistad dure más, ya que ella comete una injusticia o toma partido por uno y eso aumenta la rivalidad y las asperezas.
  • Cuando ve llorando a Martín y castiga a Cristóbal, toma partido por el menor, haciendo que el mayor se enrabie. Esa rabia queda acumulada en Cristóbal (porque se siente desplazado) lo que lo lleva  al día siguiente a molestar a su hermano ya que está enojado con él. 
  • Laura también fuerza el perdón, lo cual es irreal, las emociones no desaparecen solo porque la mamá lo exija. Además no valida los sentimientos de Cristóbal. Un “perdón” sin arrepentimiento es lo mismo que nada.
  • La madre también pierde el control y les grita, dando un modelo inadecuado de resolución de conflicto, el cual es normal que sus hijos luego imiten.
  • Ella encasilla y etiqueta a los niños con sus frases “Son peleadores”, “Son como el perro y el gato”. Esto genera en sus hijos el efecto de profecía autocumplida, es decir, Cristóbal y Martín se comportan de esa manera, como perro y gato, porque es lo que sus padres esperan de ellos.
  • En vez de usar la pelea como una instancia para que Cristóbal y Martín aprendan a resolver los conflictos, impone ella una solución desde afuera, decidiendo quién deberá elegir el programa que verán, lo que genera rabia en Martín por que la decisión es injusta.
  • Cuando comienza a indagar en cómo comenzaron a pelear nuevamente por la televisión, está gastando sus energías en descubrir al culpable, lo cual sólo genera más rivalidad, “echando leña al fuego” y no permite llegar a una solución.

Cómo se explican las peleas entre hermanos

Las peleas entre hermanos son normales. Hay que entender que las relaciones fraternales se caracterizan por ser una mezcla de sentimientos: por una parte, hay una gran cercanía, los hermanos son los compañeros de vida que duran más tiempo, pero por otra, son relaciones donde hay alta probabilidad de conflicto, dada la gran cantidad de instancias y espacios que comparten.

Las peleas entre hermanos son menos relevantes para los niños que para los padres. Es cosa de ver cuántas veces al día los niños pelean y hacen las paces como si nada hubiera ocurrido, mientras que a los padres les complica porque se sienten culpables y piensan que hay algo que ellos pueden estar haciendo mal. Y muchas veces tienen la ilusión de tener hijos “perfectos” que no se enojan, no pelean, lo cual es irreal.

¿Qué podemos hacer frente a las peleas de los hijos?

  • Reforzar todas las instancias en las que compartan y estén jugando sin pelear. Decirles cosas como “qué bien como juegan juntos”, “me encanta verlos así”, “los felicito por cómo se han portado”.
  • Prevenir instancias de posibles conflictos. Por ejemplo, si sabe que a las 5 de la tarde dan el programa favorito de cada uno en distintos canales, tener establecido qué días lo ve quién.
  • Evitar compararlos, eso genera rivalidad.
  • No estimular la competencia entre ellos, ya que eso tiende a aumentar los sentimientos negativos en el que pierde. Por ejemplo, evitar que hagan una carrera para ver quién termina antes de comer u ordenar primero su pieza.
  • No marcar preferencias. Puede darse que un padre tenga más afinidad con un hijo, pero no podemos hacerlo notar.
  • Establecer límites claros, firmes y consistentes. Es necesario conversar con los hijos y dejarles muy claro que en la familia no se aceptan conductas como pegarse, lanzarse objetos o romper las cosas del otro. Y si esto llega a ocurrir tener previamente definida una consecuencia. Es importante que sepan desde antes qué ocurre si infringen esa norma.
  • Establecer y enseñar estrategias respecto a cómo se resuelven los conflictos. Por ejemplo, si están peleando por que uno quiere A y el otro quiere B, la mejor solución será buscar una tercera alternativa que los deje a los dos contentos. Otra posibilidad es que hagan un sistema de turnos.
  • Reconocer el derecho de los niños a tener rabia o enojarse con los hermanos. Procurar que no se sientan culpables por eso, ya que es inevitable dada la estrecha convivencia.  Si es necesario, enseñar al niño qué puede hacer con esa rabia que siente. Por ejemplo, ayudarle a poner en palabras sus emociones y a que se digan las cosas en vez de agredir al otro.
  • Ser un buen ejemplo de resolución de problemas. Nunca pegarle a los hijos y evitar gritar porque ellos aprenderán de esa manera a solucionar los suyos. 
  • Intervenir lo menos posible cuando estén peleando, para que aprendan a solucionar solos sus dificultades. Éste es un aprendizaje clave para toda la vida, que se desarrolla de forma importante en la relación con los hermanos.
  • Si ya se están agrediendo (han pasado el límite establecido), separarlos y decirles en forma simple: “No está permitido pegarse en esta casa” y mandar a cada uno a lugares distintos para pensar en lo ocurrido y luego aplicar la consecuencia que estaba previamente establecida.

A pesar de que a nadie le gusta escuchar que sus hijos peleen, es necesario tener en cuenta que los conflictos son parte de las relaciones fraternales y son una forma a través de la que los niños interactúan entre ellos. Nos deberíamos preocupar más si dos hermanos que viven juntos se ignoran a tal punto que nunca necesitan pelear: serían como dos desconocidos viviendo en un mismo hogar.