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¡Ay, mamáaaa! Cómo entrar en diálogo con tu hijo adolescente sin que te mande a volar

Para esa temida etapa llamada adolescencia, unos buenos consejos para que los padres puedan tener conversaciones menos incómodas y más allá de los monosílabos.

Por Ignacia y Javiera Larrain | 2017-10-17 | 10:21
Tags | Guía para Padres, hijos, adolescentes, conversación, diálogo, educación, crianza

José tiene 12 años y es alegre y sociable, pero hoy llegó del colegio bajoneado, arrastrando los pies y más callado de lo habitual. Su mamá cree que algo le pasa, porque durante las últimas semanas esta escena se ha repetido varias veces. Decide ir a conversar con él.

Entra a su pieza, lo encuentra tirado en la cama y le dice: "¿qué te pasa José, porque estás triste?". Él sin mirarla le contesta "no me pasa nada". La mamá se siente un poco rechazada y le dice: "no me digas que no te pasa nada, yo soy tu mamá, te conozco mejor que nadie así es que no me mientas. Dime lo que te pasa, porque no puede ser que andes así de triste. Tú eres simpático e inteligente y tienes todo para estar feliz". En ese momento se cerró toda posibilidad de diálogo y José se fue de la pieza aludiendo que estaba bien y que tenía que hacer muchas tareas.

Entrar en un diálogo profundo con nuestros hijos no siempre resulta una tarea fácil. La inmediatez en la que vivimos, la falta de tiempo, las urgencias y las presiones hacen que muchas veces no nos demos el tiempo para cultivar y desarrollar el arte de conversar. Y cuando nos vemos enfrentados a una situación como la que vivió la mamá de José y queremos saber lo que está experimentando nuestro hijo, esperamos que el diálogo fluya de forma espontánea, cuando en realidad lograrlo es resultado de un proceso donde se van creando vínculos, confianzas y estilos relacionales.

La comunicación con los hijos, en especial en la etapa de la adolescencia, se construye gradualmente y no consiste solo en “apagar un incendio” cuando vemos que el joven está afligido o preocupado. Para poder conectarnos con ellos en los momentos de dificultad es preciso que tengamos una “buena base” de comunicación en la vida cotidiana, que nos permita establecer ese puente y entrar en su mundo cuando están atravesando alguna dificultad.

¿Qué hacer? Algunas claves que te pueden servir seas papá o mamá:

- Entiende la comunicación como un proceso continuo

Siempre estamos comunicando, por lo que tenemos que dar mensajes verbales y no verbales que hagan sentir a nuestro hijo o hija que estamos disponibles y que queremos entenderlo. Por ejemplo, cuando nos plantea un tema dejar de lado el teléfono, mirarlo e interesarse.

- Cultiva espacios de conversación cotidianos

De este modo se va estableciendo un verdadero puente entre el hijo y sus padres, el cual será la base para conversar posteriormente de otros temas de mayor profundidad.

Se puede aprovechar los traslados en auto, los tiempos de espera y las rutinas diarias para comentar sobre lo que cada uno ha hecho, sobre los proyectos que cada uno está realizando o las cosas que le ha llamado la atención en el último tiempo. También es importante que nosotros les contemos cosas de nuestra vida a ellos.

- Interésate por sus temas

Intenta ingresar a su mundo conociendo un poco más sobre su deporte o grupo de música favorito, la película que fue a ver con sus amigos o el libro que está leyendo. Tratar de descubrir lo positivo de estos intereses en vez de cuestionarlos o criticarlos.

- Hazle preguntas creativas

Muchas veces queremos conversar con nuestro hijo y para iniciar la interacción partimos con preguntas como: ¿cómo te fue en el colegio?, ¿cómo lo pasaste en el cumpleaños?

Frente a este tipo de preguntas “estándar” lo más frecuente es que solo obtengamos una respuesta estereotipada del tipo “bien”, “estuvo bueno” y no se preste para profundizar. Estas preguntas son prácticamente una formalidad y suelen tener poco sentido para un joven.

En cambio, si vamos un poco más allá y hacemos preguntas novedosas, que lo descoloquen un poco, es más probable que generemos interés de su parte y que él mismo se cuestione, dando paso a una comunicación en un plano diferente.

Por ejemplo, cuando llega del colegio podemos preguntarle ¿qué fue lo más entretenido que pasó hoy?, ¿qué compañero hizo/dijo algo divertido?, ¿si viniera un alienígena a tu sala que sería lo que más le daría risa?, ¿si pudieras pedir un deseo, qué cambiarías del colegio?, Si tu curso fuera una película, ¿cuál sería?

- Busca momentos oportunos para temas sensibles

Si vemos que nuestro/a hijo/a está triste, ofuscado o enojado, es preferible buscar un momento y lugar apropiado para conversar con él en vez de “abordarlo” apenas entra por la puerta de la casa. Los jóvenes a veces necesitan un espacio para decantar y procesar lo que están sintiendo, por lo que no es bueno presionarlos.

Si se le ofrece un espacio de conversación y me doy cuenta que él no está con buena disposición en ese momento, hay que hacerle ver que nos dimos cuenta que está afligido y que estamos disponibles para que cuando él necesite y pueda hablar. Para conversar, hay que buscar un lugar tranquilo e íntimo, donde se pueda hablar de forma privada y calmada.

- Utiliza rompehielos

Con algunos jóvenes puede ser útil usar el humor o las anécdotas para instalar un clima afectivamente positivo, que favorezcan la disposición para conversar.

También conversar de un tema en común donde se pueda hablar de igual a igual, por ejemplo de alguna actriz, de fútbol o de la serie que están viendo. Preguntar por algo banal, como el nombre de una nueva canción de moda que no sabemos cómo se llama, por ejemplo.

- No juzgues ni sermonees a la primera

Cuando logramos que nuestro hijo o hija nos cuente algo de lo que está sintiendo o lo que le ha pasado, una tentación frecuente que tenemos como padres es asumir el rol de juez o corrector, diciéndolo lo mal que está sentir o hacer eso y dándole una larga cátedra respecto a lo que debiera hacer o sentir. ¡No lo hagas en ese momento!

Este tipo de respuestas por parte de los padres solo logran cortar el puente que se pueda haber establecido, porque hacen que el joven asuma una postura defensiva. Si por el contrario logramos empatizar con su vivencia y mostrarle que entendemos por qué siente lo que siente o hizo lo que hizo es más probable que podamos seguir profundizando. Esto no significa que tengamos que aceptar todas las conductas. Como padres muchas veces tendremos que decir que algo no está bien y poner límites, pero antes de eso es fundamental que perciba que entendimos sus emociones.

- Escucha activamente

Esta es una estrategia de comunicación que consiste en demostrar a quien nos habla que realmente lo estamos comprendiendo. Implica captar el mensaje que el otro nos transmite directamente, pero junto con ello ser capaz de entender los sentimientos o ideas que subyacen a ese mensaje. ¿De qué estamos hablando?

Por ejemplo, en el caso de José la respuesta “no me pasa nada” podría haber sido interpretada por la mamá como “no quiero hablar de lo que estoy sintiendo”. Esa interpretación hubiese llevado a su mamá a tomar otro enfoque comunicativo, como por ejemplo, haberle dicho: “entiendo que ahora no tienes ganas de que conversemos”.

Algunas técnicas que favorecen la escucha activa son el parafraseo (resumir y verbalizar la idea central de lo que dijo el otro), leer las claves no verbales y corporales del lenguaje y ponerlas en palabras, traducir a un lenguaje emocional las ideas planteadas por tu hijo de manera de reflejar lo que está detrás del mensaje literal. Por ejemplo, si dice que se quiere salir de fútbol porque le da lata ir y sabes que le encanta, tratar de descifrar que hay detrás y reflejárselo. Tal vez se siente frustrado, porque ha estado en la banca los últimos partidos, y decírselo: "¿No será que te sientes un poco frustrado porque no te han llamado a jugar?"

Esto ayuda a que el otro se sienta validado y lo anima a seguir profundizando.

- No te apresures en dar soluciones

Al hablar sobre lo que nos pasa y lo que sentimos vamos elaborando, procesando y comprendiendo mejor nuestras vivencias. El diálogo profundo con nuestros hijos tiene un fin en sí mismo, pues le permite al joven mirarse con mayor distancia y tomar perspectiva respecto a sus experiencias, entenderse, organizarse, tomar posturas y decisiones.

Por eso, cuando conversamos con nuestros hijos o hijas debemos dar relevancia al valor de la conversación en sí misma y no siempre orientarnos a dar una solución o respuesta a un problema. Un enfoque demasiado pragmático del tipo “lo que debes hacer es esto” no abre, sino que cierra las puertas del diálogo.

¡Por último! No olvides que para lograr un verdadero diálogo con tus hijos, debes comenzar cultivando el arte de conversar con ellos desde que son muy pequeños, de manera que se convierta en algo común y natural cuando ya son adolescentes.

¿Tienes un hijo/a adolescente? ¿Qué te ha ayudado a entrar en diálogo?