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Los "terribles dos". Qué hacer cuando tu ex-bebé se vuelve incontrolable

Desobediencia, pataletas, llantos sin razón y muchos “no”, son algunos de los regalitos que nos traen los niños y niñas cuando cumplen dos años. ¿Por qué pasa esto y qué podemos hacer al respecto?

Por Ignacia y Javiera Larrain | 2017-11-02 | 14:51
Tags | 2 años, terribles dos, niños, consejos, sugerencias, pateletas.

Juanito acaba de cumplir dos años. Desde hace unos meses la palabra “NO” y “OTRO” son sus frases típicas. Le dan leche y quiere otra mamadera. Lo sientan y no quiere, quiere comer parado. Le ponen el chaleco y quiere otro. Lo invitan a jugar y no quiere. Y cuando el “no” viene de parte de sus papás, la pataleta que arma la escuchan hasta los vecinos. Está muy claro que ni él sabe lo que quiere, sino que su objetivo es contradecir.

Es que los famosos “terribles 2” no son ningún mito, sino que parte del desarrollo de los menores. Para quienes no lo han escuchado, así se le llama a la edad de los dos años debido a que se convierte para los padres en un período muy difícil, ya que nuestros angelitos comienzan a sacar su voz y nos desafían constantemente además de hacer numerosas rabietas.

Pero depende de nosotros como padres que dejen de llamarse así y pasen a ser una etapa diferente. Entender esta etapa puede ayudarnos a comprender a nuestro pequeño, saber que es común, hacerla más llevadera y por sobretodo vivirla sin dañar nuestro vínculo, ayudándolo para que su desarrollo se dé de la mejor manera posible.

Pero, ¿por qué ocurre esto?

A partir del año y medio, los pequeñitos que ya consiguieron su anhelada independencia para desplazarse, comienzan a descubrir que son seres independientes de sus padres y que pueden hacer cosas por ellos mismos. Por eso empiezan a querer hacer cosas solos y a tratar de imponer sus deseos. Es común verlos querer vestirse solos, comer solos, o subirse solos al auto, por mencionar algunos ejemplos. También en esta etapa están descubriendo quién manda, por lo que nos desafían constantemente para saber hasta dónde pueden llegar.

Y otro rasgo muy importante de este período de la vida: los niños a esta edad no saben reconocer ni manejar sus emociones, solo las sienten y se desbordan ante ellas. Por lo que ante la frustración, el enojo, la tristeza, etc., se expresan muy a menudo a través de gritos, llantos, pataletas o agresiones.

Hay que aclarar que, a pesar de que todos los niños pasan por un período con estas características, la intensidad de su manifestación tendrá relación con el temperamento de cada uno y con el manejo por parte de los padres o cuidadores. La duración también varía de niño en niño, comenzando algunos antes de los dos años y pudiendo terminar hasta los 4 años.

Debido a que el temperamento no podemos cambiarlo, el factor que sí puede generar cambios y que debe ayudar a que el pequeño se desarrolle de la manera más sana, a pesar de su temperamento, es cómo los adultos lo ayudamos a transitar esta etapa.

Antes de mencionar qué podemos hacer para ayudarlo, cuatro cosas que NUNCA deberíamos hacer ante las rabietas o actitudes desafiantes. El caso: es la hora del almuerzo y Juan no quiere comer su comida. Comienza diciendo que quiere otra cosa, pero al decirle que no, se enfurece, bota el plato al suelo y comienza a llorar desbordadamente. ¿Qué no hacer?

  1. Darle en el gusto para que la pataleta se acabe. Ceder y darle otra comida para que se calme. Con esto le estamos enseñando que las pataletas son una forma adecuada de conseguir los objetivos.
  2. Enganchar con la pataleta. Enojarse por la pataleta y dejar el rol del adulto, poniéndonos a la altura del niño, peleando y discutiendo con él a la par, llegando a los gritos y tratos poco adecuados al perder la paciencia. Generamos un ambiente donde nuestro hijo bloqueará cualquier manejo de su emoción y enseñamos un incorrecto modo de enfrentar situaciones.
  3. Invalidar su emoción. Lo que es incorrecto es cómo manifiesta su emoción, no el hecho sentir la frustración por no poder comer lo que quiere. Hay que mostrar comprensión.
  4. Usar el miedo para cambiar de conducta. Por ejemplo, decirle si no te lo comes vendrá el señor del saco o un perro (al que teme) se vendrá a comer tu comida.

¿Qué se podría hacer en este caso? Sacarlo del lugar donde está, hablarle con calma desde su altura (mirándolo a los ojos) y decirle: “Entiendo que no te gusta esta comida, no te puedo obligar a que te guste, pero te la tienes que comer”. Dejarlo un rato para que se tranquilice y cuando haya vuelto en sí, decirle “ahora vamos a comer la comida”.

12 sugerencias para que “los terribles 2” no sean tan terribles

  1. Conocer el temperamento de tu hijo/a para poder abordarlo de la mejor manera. Cada niño es único y se pueden usar distintas estrategias dependiendo de sus características individuales.
  2. Anticiparse a las rabietas. Por ejemplo, si sabemos que cuando tiene sueño o hambre se pone irritable, no llevarlo a la plaza en ese estado, porque sabemos que terminará en pelea.
  3. Tener normas bien definidas y ser constantes en ellas. Por ejemplo, si no se puede jugar a la pelota adentro de la casa, preocuparse de que siempre sea así para que el niño con el tiempo se vaya acostumbrando a que no se puede y cada vez que le digan que no, se moleste menos. Cuesta cumplir a veces, pero es un esfuerzo que vale la pena.
  4. Tener rutinas definidas. Esto le da mucha seguridad a nuestros hijos, porque pueden predecir lo que vendrá y eso les baja el nivel de ansiedad y los anticipa a saber qué se espera de ellos. Procura mantener los horarios y el orden de las actividades básicas diarias.
  5. Elegir las batallas. Es probable que a esa edad todo quieran decidirlo ellos. Por eso, para no estar en un constante “gallito”, darle la posibilidad que elija en ciertas oportunidades lo que él o ella quiera. Por ejemplo, si no quiere el chaleco azul que habías pensado ponerle, dejarlo/a elegir (aunque no combine).
  6. Darle ciertos grados de autonomía, aunque ello vaya en contra del correcto comportamiento u orden. Por ejemplo que coma solo/a, a pesar de que no coma del todo bien. Es muy importante que sienta que sus padres confían en sus capacidades a pesar de que sea contra la buena conducta. Ya habrá tiempo para que aprenda cómo se come en la mesa.
  7. Potenciar las buenas conductas. Por ejemplo, si ordenó sus juguetes después de que se lo dijimos sin protestar, felicitarlo y decirle que lo hizo muy bien.
  8. Verbalizar sus emociones. Si se pone a gritar porque se le rompió un juguete y lo tira, decirle: “Entiendo que te enoje que se te rompa algo, pero llorando y tirándolo no es la forma de mostrar tu enojo, no hará que el juguete se arregle”. Sí, quizás sientas que le estás hablando a una pared en algunos casos, pero es importante hacer evidentes sus emociones y ponerles nombre.
  9. Evitar los sermones. A esta edad con los niños hay que ser claros, concisos y concretos en lo que le decimos. Si les damos un sermón largo sobre su mal comportamiento o cómo debe ser una mejor persona, es probable que a la segunda palabra ya esté con la cabeza en otra cosa y nosotros molestos llamándole la atención porque no nos escucha.
  10. Dejar que experimente consecuencias en la medida en que no lo expongan a daños a él ni a terceros. Por ejemplo, si está jugando de una manera brusca con su juguete, advertirle que se romperá y si no deja de jugar así, permitir que se rompa para que aprenda las consecuencias de maltratar un juguete.
  11. No esperar que su comportamiento sea el de un niño más grande. Son muy chicos aún, todavía hay muchas facultades que no desarrollan, por lo que debemos esperar el comportamiento de un niño de dos años.
  12. Cuando está con pataleta, cambiar el foco. A veces resulta viene esta técnica. Por ejemplo, si está llorando en la plaza porque quiere el columpio ocupado, distraerlo con algo que le guste y mostrarle el entretenido juego que están haciendo en la arena.

Como todo buen manejo de situaciones difíciles con los hijos, mantener la calma y contener son siempre la clave. Y no olvidarnos que son comportamientos normales y que con paciencia, ternura y firmeza podemos hacer que los “terribles dos” sean menos terribles…

¿Qué dificultades te tocaron con tu hijo/a de dos años? ¿Qué otros consejos agregarías?