Imagen: César Mejías

Hitler se salvó del peor de sus atentados gracias al clima y a una mesa

La historia a veces es caprichosa, y aunque todos los signos indiquen un curso, de improviso toma otro. Ese día, las cartas no estaban a favor de Hitler, pues un maletín con dos cargas de dinamita acabarían con su vida. Pero el destino dijo otra cosa.

Por Juan Reyes | 2018-01-24 | 13:05
Tags | hitler, segunda guerra mundial, atentado, guerra, historia
Mientras el Führer observaba un mapa en la gruesa mesa principal, la bomba hizo “Booom!”, los cuerpos de los alemanes volaron por los aires y cuatro de ellos murieron, pero la caprichosa mesa se convirtió en la protectora del objetivo principal.

Durante La Segunda Guerra Mundial, numerosas veces se planificaron atentados para terminar con la vida de Adolf Hitler. Es que su crueldad y capacidad aterradora para imponer sus ideas, le valieron más de un enemigo (o más bien, ¡millones!). La excelente ingeniería alemana, quedó momentáneamente atrapada en un manicomio, donde fácilmente podías encontrar a un tipo brillante diseñando un campo de concentración.

Cuadro al óleo pintado por Adolf Hitler - Exhibido en Museo Della Follia en Italia Originalmente quería ser pintor, pero fue rechazado de la academia de Viena.

Hitler y su círculo cercano estaban expuestos a constantes atentados, motivo por el cual la seguridad en torno a él era tremenda: no se podía portar un arma en su presencia ni saber con antelación sus siguientes movimientos. Además, debido a su constante temor a ser envenenado, contaba con un equipo de catadoras de comida, que eran obligadas a probar sus alimentos rutinariamente, sin saber si vivirían un día más. Se estima que estuvo expuesto a decenas de atentados, que por los más diversos motivos no tuvieron éxito.

Pero algunos de ellos estuvieron al borde de concretarse… En El Definido les contamos esta apasionante historia.

Los 13 minutos que le salvaron la vida al Führer

Un atentado destacable, fue realizado por un carpintero llamado Georg Elser, en 1939. Quien en solitario trabajó durante meses, hasta lograr fabricar una bomba con un temporizador. La instaló en el pilar de una cervecería, donde Hitler daría un discurso. Su trabajo fue tan minucioso, que incluso se preocupó de rellenar el espacio a fin de que el pilar no se sintiese hueco. Su gran dedicación no fue suficiente para lograr su objetivo: el día del atentado, Hitler terminó su discurso antes.

Cuando la bomba estalló, Hitler había dejado el lugar hace 13 minutos. Este inusual carpintero más tarde sería capturado al intentar huir del país. Pasó años en un campo de concentración, hasta ser fusilado solo 21 días antes de la muerte de Hitler.

La Operación Valkiria

Era el año 1944 y Alemania estaba siendo aniquilada por los aliados; había un ambiente de tensión y decepción en las filas alemanas, muchos comenzaban a dudar de las decisiones de Hitler, quien se rehusaba a cualquier tipo de rendición, aunque eso significase llevar a sus soldados a una muerte segura.

Ocultos en las más altas esferas de la milicia Nazi, hubo algunos que durante años trataban de dar término a la lamentable existencia del dictador. El intento más acertado fue mediante un artefacto explosivo escondido en un maletín; este plan sería conocido como la operación Valkiria, e implicaba no solamente asesinar al Führer, sino también arrestar a los líderes nazis y desarmar a las SS (organización paramilitar al servicio de Hitler) y a la Gestapo (policía secreta de Alemania), para asegurar la buena ejecución de un Golpe de Estado. En esta conspiración, estaban involucrados diplomáticos, militares y políticos, que secretamente buscaban instaurar un nuevo gobierno.

Un coronel llamado Claus Von Stauffenberg, sería el líder y encargado de llevar a cabo el asesinato. Un hombre de 1,85 metros de altura (fuera de lo normal para los estándares de la época), que debido a heridas de guerra llevaba un parche para cubrir su ausente ojo izquierdo (de seguro muchos vieron la película sobre el atentado, Operación Valkiria, en que Tom Cruise encarnaba a este carismático personaje). Le faltaba también la mano derecha y dos dedos de la mano izquierda. Sus tres dedos restantes, tomarían con fuerza el maletín que acorde a su propósito libraría a Alemania del monstruo de Hitler.

Tráiler de Operación Valkiria.

Von Stauffenberg había sido integrado al grupo de conspiradores por el general Friedrich Olbricht, quien llevaba años buscando la oportunidad para asesinar al Führer junto a otros altos mandos. El primer problema era tener la oportunidad de encontrarse regularmente con el dictador, tarea nada de fácil dado su cerrado círculo y grandes niveles de seguridad. La oportunidad surgió, cuando los conspiradores pudieron posicionar a Von Stauffenberg en un cargo que le permitiría involucrarse directamente en reuniones con Hitler y sus más cercanos colaboradores.

Pero ese día clima les jugó una mala pasada

Llegó el día de la ejecución del plan e hizo más calor de lo usual… Esto gatilló un cambio de último minuto: la reunión ya no sería llevada a cabo en un bunker reforzado, sino que en una sala de madera. Este sutil cambio, fue clave para reducir el poder destructivo de la bomba. Su energía podría ser disipada con mayor facilidad en un lugar más abierto. Von Stauffenberg decidió proseguir con el plan de todas formas; dos cargas de dinamita eran más que suficientes y además, habían hecho pruebas para escoger la mejor dinamita a disposición ¿Qué podía salir mal?

Tenía que preparar dos cargas de dinamita, a fin de asegurar que no quedaría corazón latiendo luego de su explosión, en la sala de reuniones ubicada en la conocida “Guarida del Lobo” (uno de los mayores cuarteles militares de Hitler). Mientras que durante los escasos minutos de tiempo que tenía disponibles para no despertar sospechas, preparaba el aparato junto a un ayudante, fue interrumpido y no le quedó más remedio que dejar solo una carga. Este sería otro de los tantos golpes de suerte de su adversario.

El atentado y la mesa

Tal como se había previsto, Von Stauffenberg entró a la sala de reuniones y Hitler le miró sin ningún signo de aprecio. Dejó el maletín ubicado en la posición estratégica para terminar con el dictador, se excusó para salir de la sala momentáneamente, y esperó los minutos más largos de su vida. Para su desgracia, los más sutiles detalles definieron el curso de la historia…

Resultó que el maletín fue movido por uno de los participantes de la reunión, quien lo dejó alejado de Hitler. Mientras el Führer observaba un mapa en la gruesa mesa principal, la bomba hizo “Booom!”, los cuerpos de los alemanes volaron por los aires y cuatro de ellos murieron, pero la caprichosa mesa se convirtió en la protectora del objetivo principal. Logró absorber la pequeña fuerza destructiva que se necesitaba para matar de una vez al Führer, quien quedó levemente herido luego del atentado, pero como reza el dicho: “la mala hierba nunca muere”.

Él sobrevivió y la historia siguió su despiadado curso. Los tres dedos de Stauffenberg no volverían a ejecutar misiones secretas, pues fue fusilado junto a otros conspiradores.

¿Cómo crees que hubiese sido el curso de la historia si la Operación Valkiria hubiese tenido éxito?